Trumbo, el hombre que recuperó su nombre

«Trumbo» es una película que va mucho más allá de retratar la vida de un famoso guionista perseguido por sus ideales. Va más allá de poner en escena con nombres propios, a delatores, miedosos, farsantes, y a aquellos que supieron ser héroes, en la época más oscura de Hollywood. Es la voz de Dalton Trumbo, la que dice que las políticas perversas y la cobardía de los medios, no crearon santos y demonios, sino sólo víctimas.

Por Jorge Luis Scherer.

Trumbo y Cranston.

Trumbo y Cranston.

 

Afiliarse al Partido Comunista en 1943 fue una consecuencia de sus ideales bien marcados, contra el fascismo y las injusticias. Cuatro años antes había publicado “Johnny cogió su fusil”, una novela desgarradora, dura, denunciante de los hacedores de guerras. La historia de un joven lleno de proyectos y enamorado, que en tiempos de la Primera Guerra Mundial es enviando al frente y termina siendo un pedazo de carne maltrecho, sin las extremidades, ciego, sordo, pero con la mente viva, pensante. En sus páginas, Dalton Trumbo, dice: “No existe nada noble al morir. Ni siquiera cuando mueres por honor. Muchachos, ustedes no son nada muertos, excepto para los discursos”. Y estos eran tiempos donde en Estados Unidos se debatía el entrar o no en el segundo conflicto bélico mundial. Por entonces, este guionista de Hollywood, que había tenido una previa carrera de periodista, se había ganado una marca en el libro negro de J. Edgar Hoover, el creador del FBI, ese que en la opinión del realizador Samuel Fuller, era: “Enfermo, cruel, dogmático, estúpido, racista: todo lo que me gusta de un personaje”.

Después del trágico 6 de agosto de 1945, cuando Norteamérica arrojó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, lo que causó la muerte de más de 100.000 personas, la humanidad se sintió aterrada ante la posibilidad de una guerra atómica. El Comité de Actividades Anti-Americanas de la Cámara de Representantes, que había sido creado en 1938 para identificar y encarcelar nazis, cobró una dimensión extraordinaria en los tiempos de la Guerra Fría. Una de los primeros grandes acusados de antipatriota fue Robert Oppenheimer, un fiel discípulo de Einstein y considerado el padre de la bomba atómica, porque se atrevía a hablar sobre el peligro de una guerra nuclear.

Terminada la guerra, los comunistas pasaron a ocupar el lugar que tuvieron los nazis desde el comienzo de la contienda bélica. Los enemigos ahora respondían a Moscú y el Comité se propuso perseguirlos en todos los ámbitos de la sociedad: fábricas, sindicatos, universidades, teatro y Hollywood, la fábrica de sueños podía influir en millones de cabezas, y para eso estaba el Comité, para impedirlo.

Los 10 de Hollywood

En 1947, Jack L. Warner fue uno de los primeros que dio nombres de esos malditos escritores que daban ideas anti-americanas en los guiones. Ahí estaban: Dalton Trumbo, Irwin Shaw, Clifford Odets, Rober Rossen, y Alvah Bessie, entre otros.

La película “Trumbo”, dirigida por Jay Roach, con un excelente guión de John McNamara, basado en la biografía de Bruce Alexander Cook, tiene su primera escena en ese 1947. Trumbo está con su familia en un cine, y se lo ve en las imágenes de un noticiario avalando huelgas para la obtención de mejores condiciones laborales. También aparece en pantalla la influyente periodista Hedda Hopper, tachando de repugnantes comunistas a los revoltosos. Terminada la función, Trumbo recibe la primera agresión de un espectador, que le dice traidor, una calificación que se fue popularizando en todo los Estados Unidos para el que tuviera ideas marxistas o de izquierda.

El Comité comenzó los interrogatorios a 19 personas. 10 de ellos se negaron a contestar preguntas, invocando preceptos legales, como la Primera Enmienda a la Constitución. Entre ellos estaba Dalton Trumbo, Albert Malz y el director Edward Dmytrick . Esto fue considerado un desacato al Congreso y fueron condenados a la cárcel. Trumbo estuvo 11 meses en prisión y se le negó el regreso a Hollywood como escritor.

Entre delatores y cagones

«Lo malo de la izquierda americana es que traicionan para salvar sus piscinas”. Orson Welles

El Comité de Actividades Anti-Americanas no sólo hacía comparecer a los supuestos comunistas para que confiesen su afiliación y delaten a sus compañeros, sino también quería escuchar a los testigos amistosos. El actor Robert Taylor no sólo dio nombres sino que señaló que el Partido Comunista debería ser declarado ilegal y enviar a Rusia a todos sus miembros. Lo mismo opinó el director Leo McCarey, y el actor Adolphe Menjou. La lista de delatores incluyó a Sterling Hayden, Budd Schulberg, Elia Kazan, Ronald Reagan, Robert Montgomery y Lee J. Cobb, entre otros. El director Edward Dmytrik, después de seis meses en prisión, dijo estar arrepentido y aportó 26 nombres de comunistas.

La segunda purificación

A partir de 1950, el senador Joseph McCarthy se convierte en la cabeza fanatizada en la persecución de comunistas. Ante las presiones del Comité, Charles Chaplin deja el país después de 40 años. Bertolt Brecht, quien había escapado de Europa por el nazismo, tenía que volver a huir por sus ideas. Jules Dassin y Joseph Losey marcharían a Europa sin declarar ante el Comité.

Esta segunda etapa de listas negras se amplía a músicos, novelistas y autores teatrales, quienes son puestos bajo la lupa inquisitoria: Aaron Copland, Artie Shaw, Paul Robeson, Dashiel Hammett, Lillian Hellman, Arthur Miller, Dorothy Parker, John Garfield, Martin Ritt, Lloyd Bridges, y varios más.

El escritor alemán Thomas Mann ya se había pronunciado contra las persecuciones al decir que estaba volviendo a ver como había comenzado el fascismos en Alemania, con “la intolerancia espiritual, las inquisiciones políticas, la declinante seguridad legal y todo ello en nombre de un presunto estado de emergencia…”

Bryan Cranston como Dalton Trumbo.

Bryan Cranston como Dalton Trumbo.

Un guión en tres días

Cuando Trumbo sale de la cárcel en abril de 1951 era un hombre quebrado económicamente. Venden su buena casa y lleva a su mujer e hijos a vivir a una casa modesta en un barrio modesto. Lo único que sabe hacer es escribir pero en Hollywood es un hombre prohibido. Sin embargo, productores de clase B y otros de nivel medio aceptan su propuesta de que se le pague como a un guionista del montón y que nunca reclamaría que su nombre figure en los créditos. Y así comienza un alocado trabajo de terminar un guión en sólo tres días. Trumbo recurre a utilizar seudónimos diferentes para trabajar con distintas productoras, y que no se enteren del juego. En su casa coloca varias líneas telefónicas, una por cada productora. Trabaja 18 horas por día, tiene la particularidad de encerrarse en el baño y escribir a máquina dentro de la bañera con agua, sus cigarrillos, el wisky y las pastillas para mantenerle los ojos abiertos, todo al alcance de la mano.

En 1953 gana su primer Oscar por “La princesa que quería vivir” (“Roman Holiday”) dirigida por William Wyler. Un viejo amigo se lleva los honores al figurar como el autor del guión. Pero ahí comienza la primera sospecha, en el mundo de Hollywood, sobre quién estaba detrás de ese guión. Tres años después, en la ceremonia de entrega de los premios Oscar, Debora Kerr, abre el sobre y anuncia que el ganador es Robert Rich por “El Bravo”. Trumbo festeja en su casa y en lugar del inexistente señor Rich, un miembro de la producción del filme se lleva el galardón.

Las cartas de Trumbo

Un hombre como Trumbo nunca podía darse por vencido, pero necesitaba ayuda de los que tenían el poder de sus nombres para que el mensaje de justicia llegara a la sociedad. Por eso le escribió a William Faulkner, explicándole que el cine estaba bajo vigilancia policíaca y de la censura, convirtiéndolo en un arte oficial. En términos similares, le escribe a Hemingway, Steimbeck, Saroyan, y Tennessee Williams, entre otros, y no tiene respuestas. El presidente Dwight D. Eisenhower, recibe una de sus cartas, y un secretario del mandatario le responde que el presidente no puede hacer ningún comentario al respecto. Trumbo insiste y le escribe que esas políticas de inquisición han destruido a cientos de artistas.

Helen Mirren como Hedda Hopper.

Helen Mirren como Hedda Hopper.

El hombre que recuperó su nombre

Kirk Douglas no sólo es actor principal, sino también productor y creador del proyecto de llevar al cine la novela de Howard Fast, “Espartaco”. No está conforme con el director y lo cambia por un ignoto joven lleno de ideas: Stanley Kubrick. Tampoco le sirve como guionista el propio autor de la novela y sale en busca del mejor. Va a la casa de Trumbo y lo convence.  Douglas sabe que tiene trabajando en su película a un hombre prohibido pero también sabe que, además de contratar a un hombre íntegro, está ante uno de los mejores guionistas de Hollywood y no lo oculta. La periodista Hedda Hopper se enfurece y amenaza a Douglas con denunciarlo públicamente. Llega el día del estreno y el nuevo presidente, John F. Kennedy concurre a la función premiere, y a la salida hace buenos comentarios sobre el filme y le augura un gran éxito. Douglas había puesto en los créditos del film el nombre de Dalton Trumbo. Poco antes, el director Otto Preminger había anunciado a los medios que el guión de su nueva película, “Éxodo”, estaba siendo escrito por Dalton Trumbo, el hombre había recuperado su nombre. Los estudios volvieron a abrirle las puertas.

La “caza de brujas” en Hollywood había llegado a su fin

Para Bryna, la productora de Kirk Douglas, Trumbo escribió el guión para “El último atardecer” (1961), y al año siguiente lo hizo para la mejor película de Kirk Douglas, como actor y productor: “Los valientes andan solos”. Trumbo ya era libre y trabaja para los grandes estudios y los más importantes realizadores: Vincente Minneli, John Frankenheimer y Franklin Schaffner.

Retoma la idea de llevar al cine su novela “Johnny cogió su fusil”. Años atrás, Luis Buñuel, mientras hacía cine en México, tuvo todas las intenciones de filmar esta novela pero no consiguió que le financiaran el proyecto. En 1971, Trumbo adaptó su obra y él mismo la dirigió, obteniendo un buen resultado.

Apuntes sobre «Trumbo», la película

La interpretación de Bryan Cranston (Breaking Bad) como Dalton Trumbo, es la pieza fundamental en este filme. Cranston es Trumbo. Vale la pena remitirse a documentales sobre el verdadero Trumbo para ver cómo Cranston incorporó sus gestos, las pausas en el hablar, la forma de caminar y hasta las miradas. Un trabajo minucioso que se refleja en una excelente calidad histriónica. La película tuvo como única nominación a los Oscar, la de Bryan Cranston como actor principal. Sabemos que no lo ganó, premiarlo hubiera sido un acto de justicia.

Helen Mirren, en el papel de la sádica periodista Hedda Hopper, hace una labor estupenda. Hopper había sido una conocida actriz del período mudo del cine y como periodista se convirtió en la rival de la famosa Louella Parson. Su columna en un importante periódico era leída por cientos de miles de amantes de la chismografía en el cine, era capaz de comentar una gran fiesta en Beverly Hills, nuevos reclamos de paternidad a Errol Flynn, o dar nombres de una pareja gay que rompían corazones en el mundo femenino. Ella misma se mofaba de su fama, decía que la mansión a la que se había mudado, era: “la casa que edificó el miedo”. Pese a todo, tiene su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Cuando Otto Preminger contrata a Trumbo para adaptar la novela de Leon Uris, “Éxodo”, el realizador revisa cada día las escenas que va terminando el escritor. En la película hay un diálogo muy interesante entre el director y el guionista:

Preminger: El guión está muy bien, pero hay escenas que no son brillantes.
Trumbo: Si escribiera todas las escenas en forma brillante, todo sería muy monótono.
Preminger: No se preocupe por eso, haga todas las escenas brillantes, que después yo me voy a dedicar de filmarlas en forma desigual.

Michael Stuhlbarg interpreta a un Edward G. Robinson que debe conformar la lista de arrepentidos para volver a trabajar. En un diálogo con Trumbo, se justificaba diciendo que un guionista puede subsistir con seudónimos, ser otros, pero que él tiene una sola cara.

Cleo, la esposa de Trumbo, fue a recibir en 1993, después de cuatro décadas del estreno de “La Princesa que quería vivir”, el Oscar al mejor guión que había sido recibido a nombre de otro. Trumbo ya había muerto en 1976, a los 70 años. Pero el Oscar conseguido por “El Bravo” (“The brave one”), lo pudo recibir un año antes de su muerte, con su nombre inscripto al pie.

En 1970, la Asociacion de Escritores de Norteamérica (Writers guild of América) homenajeó a Dalton Trumbo. El hombre que había recuperado su nombre le habló a los más jóvenes y les dijo que “cuando entren a curiosear sobre ese oscuro período, no habrá que buscar villanos o héroes, santos o demonios, porque no los hubo, sólo había víctimas”.

 

Por Jorge Luis Scherer – periodista, profesor de literatura y cine- para Ultracine.

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