“Todo, todo”: detrás de un vidrio del siglo XXI

Todo, todo

Romance millenial, adolescentes y una enfermedad autoinmune son los ingredientes de este estreno del jueves 15 de junio.

Todo, todo

Todo, todo”, dirigida por Stella Meghie, es una de esas películas destinadas al público adolescente. Pero no al estilo “American Pie”, como era en la década de los noventa. Sino a tono con el Siglo XXI donde los celulares, los chats, las casas inteligentes y la vida a través de internet conviven con una subtrama de un amor imposible. Amandla Stenberg, actriz de la exitosa “Los juegos del hambre”, interpreta a Madeline Whittier. Es una muchacha que padece una enfermedad autoinmune también conocida como la enfermedad de la burbuja porque debe vivir aislada de las bacterias del mundo exterior. Basada en la novela del mismo nombre de Nicola Yoon, la película tiene un giro dramático sorpresivo.

Maddy vive en una casa preciosa. La luz ingresa por los ventanales, está rodeada de árboles, tiene ambientes que parecen acuarios. Pareciera que a su mundo no le falta nada excepto que no puede salir de su casa. Si lo hiciera no solo desobedecería las instrucciones de su mamá sino también de la enfermera que la cuida por la enfermedad que padece: una severa combinación de inmunodeficiencia que la hace propensa a contraer cualquier bacteria dañina y no poder combatirla. A los efectos de mantenerla sana las únicas dos personas que están cerca de Maddy deben, digamos, desinfectarse. En su castillo de cristal, la princesa Maddy pasa sus días leyendo hasta que un día… Sí, un día un muchacho llamado Olly de pelo largo, vestido de negro y con rostro entre simpático y preocupado aparece detrás del vidrio de su ventana. A partir de allí el mundo de Maddy cambiará.

Amores adolescentes

Hace unos meses, Diamond Film estrenó en la Argentina “El espacio entre nosotros”, un film con el que “Todo, todo” comparte unas cuantas premisas. En ambos films hay una pareja de adolecentes que por motivos ajenos a su deseo (la gravedad de la Tierra en un caso, la enfermedad en el otro) no pueden estar juntos. Desde ya, esa anécdota ficcional es la excusa, la metáfora, para referirse al hecho de que transitar el amor y el deseo en la adolescencia o, podríamos especular cualquier edad, puede resultar en algún punto peligroso. O doloroso.

De alguna manera, la saga “Crepúsculo” también habla de esto. El hecho de “tirarse a la pileta”, o como en el film que nos ocupa, cruzar la puerta de nuestra zona de protección tiene un costo y nunca se sabe. Los personajes nunca saben, Maddy no sabe, si están preparados para asumirlo o resistirlo.

En este punto “Todo, todo” tiene también relación con la exitosísima “Bajo las estrellas”. A la subtrama del amor imposible se le suma el hecho de que hay una enfermedad de por medio. Pero a diferencia de la primera que sí ahonda en la enfermedad propiamente dicha de manera cruda y realista, “Todo, todo” no lo hace. Y eso podría ser cuestionable. De hecho, su personaje protagonista parece de principio a fin muy saludable.

En este punto, es que pareciera que más que sobre una dolencia específica la película es sobre los ingredientes, o la estructura, de una película romántica. El chico y la chica se conocen, intercambian mensajes por chats. Se cuentan sus gustos y disgustos, se enamoran, aparece un personaje agonista (el de la enfermera Carla que los ayuda a hacer crecer su amor) y finalmente aparece un tercero en discordia que atenta contra la relación.

“Todo, todo”

“Todo, todo” es una película bastante cerebral. Todos los tópicos del género romántico se dan pero de manera virtual. Los personajes tienen poquísimo contacto carnal. Es como si los mensajes y los chats fueran el texto de una película romántica, una suerte de guión. Pero de repente la película da un giro y cambia de rumbo, se transforma en una de aventuras. Más cerca del final vuelve a cambiar de rumbo y se transforma en un drama realista.

En la primera parte los personajes dan rienda a su amor de manera ingeniosa, conversando sobre sus anhelos y miedos, escribiéndose, construyendo una suerte de amor galante, manierista, idealista. La segunda parte parece un poco exagerada si uno tiene en cuenta la edad a la que se aproximarían los protagonistas. Y la tercera parte es un giro que dramatiza de manera superficial una película que había arrancado bien. La historia reproduce al mismo libro. Pero como adaptador cinematográfico quizás hubiera sido oportuno tener en cuenta que los tiempos de un film son distintos a los de una novela. Y que ir por arriba de algunas cuestiones no suma sino resta.

“Todo, todo” tuvo un costo de producción de 10 millones de dólares. En su primera semana de exhibición en la segunda quincena de mayo en Estados Unidos recaudó 12 millones. Un buen arranque si se tiene en cuenta que se estrenó la misma semana de “Alien Covenant”. Al cierre de esta crónica, ya había superado la suma de 30 millones de dólares de recaudación. La película, distribuida por Warner Bros., se estrena el 15 de junio en las salas argentinas.

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