Macbeth: tronos de sangre

Por Jorge Luis Scherer

“Aquí hay puñales en las miradas”, le dice a su hermano uno de los hijos del recientemente asesinado rey Duncan. Apenas unos minutos antes, Macbeth, con las manos ensangrentadas y agitado por temores, oye una voz que grita solamente para sus oídos: “No dormirás más. Macbeth, has matado al sueño, al inocente sueño”. Su mujer, la inescrupulosa Lady Macbeth, regresa de los aposentos del rey con las manos manchadas de sangre roja, y le dice a su marido que ahora tienen el mismo color, pero que ella no tiene el corazón blando como él. Ya le había dicho al vacilante esposo, cuando el día anterior tramaron el brutal crimen: “cambiadme el sexo”. No fue su condición de mujer, la que impidió que fuera ella la que clavara las dagas en el monarca de Escocia, tal vez fue la melancolía: “Yo misma lo habría hecho de no haberme recordado a mi padre mientras dormía”.

Macbeth, esta magnífica obra que William Shakespeare escribió en el período más fértil como autor (1599-1606) y donde se encuentran otras de las tragedias mayores: Hamlet, Otelo, y Rey Lear, tiene una nueva versión cinematográfica, en una producción de alto nivel. El filme, que participó en la selección oficial del último Festival de Cannes, cuenta con un importante elenco encabezado por Michael Fassbender en el rol de Macbeth, Marion Cotillard, como Lady Macbeth, Elizabeth Debicki (Lady Macduff), Paddy Considine (Banquo), Sean Harris (Macduff) y David Thewlis, como el rey Duncan. En la dirección Justin Kurzel. La distribuidora independiente Diamond Films presenta la película en nuestro medio. Sin lugar a dudas, es una excelente noticia que después de 44 años vuelva a los cines la tragedia de Macbeth, en una nueva versión, la última importante fue la de Roman Polanski en 1971.

LAS PROFECÍAS DE LAS HERMANAS FATÍDICAS

Macbeth, thane (título de los señores feudales de Escocia) de Glamis, y general del ejército, al igual que su amigo Banquo, ponen fin a una invasión de los noruegos y salen victoriosos en una aguerrida batalla. El rey Duncan, alejado del campo de guerra, es informado del triunfo de Macbeth y prepara para él un nuevo título, del que fue despojado el traidor e infame Cawdor, cómplice de las hordas invasoras. Pero en su regreso al hogar, Macbeth y Banquo deben protegerse de una tormenta y se encuentran con tres hermanas fatídicas (weird sisters), que entre risas y graznidos lanzan sus profecías: «Te saludamos, thane de Glamis y thane de Cawdor. Salud Macbeth, tú serás rey». Para Banquo, las parcas le destinan que no será rey pero sí padre de reyes. Al disiparse la tormenta, vuelven a la marcha, incrédulos de las brujas, aunque Macbeth queda pensativo, como no estarlo, si su sangre es tan azul como la de su primo, el rey Duncan.

Cuando los valientes guerreros son convocados por el rey, Macbeth es enterado que recibirá el título de thane de Cawdor, como fuera profetizado. A partir de ese momento, Macbeth, respira ambición, aunque no quiere escuchar esa voz que puede rodearlo de muerte. Pero su esposa, Lady Macbeth, al conocer los oráculos se convierte en el móvil principal de la acción. Ella es decidida, y no siente miedos por el exceso de sangre que puede costar la usurpación. «Jamás el rey verá el sol de esa mañana», dice Lady Macbeth, cuando su esposo le cuenta que Duncan vendrá al castillo y pasará la noche en los aposentos que ellos le destinen, para seguir viaje a la mañana siguiente. Como queda relatado, Duncan, no verá el otro día. Sus dos hijos, ven la traición en el castillo de los Macbeth y huyen, uno a Inglaterra y el otro a Irlanda.

Macbeth es ungido rey pero para mantenerse en el poder deberá hacer correr mucha sangre. Ya no es el hombre espantado de su propia crueldad. «Las cosas que mal empiezan se fortalecen con el mal», se dice el nuevo monarca, en permanentes soliloquios. Con el tiempo, los asesinatos que han ennegrecido el alma de la perversa pareja, hacen que las noches sean largas: «¡Oh, mi mente está llena de escorpiones querida esposa!».

Macbeth vuelve un día a la cueva de las hermanas fatídicas y ellas le profetizarán que no será vencido hasta que el bosque de Birnam suba para combatirle en la alta colina, y que ningún hombre nacido de mujer podrá matarle. Y el bosque se moverá y escalará la colina, y el thane Macduff, que nació por cesárea y que se juramentó vengar a su mujer e hijos asesinados por Macbeth, se enfrenta con el más despiadado de los hombres que han pisado la tierra.

EL VERDADERO MACBETH ANTE LOS OJOS DE SHAKESPEARE

William Shakespeare, lector apasionado de las leyendas e historias verídicas narradas por el cronista Holinshed, vio en Macbeth el personaje ideal para crear una tragedia que homenajeará al nuevo rey, el sucesor de la reina virgen, Isabel, en el trono inglés. Jacobo I, hijo de la reina escocesa María Estuardo, decapitada por su prima Isabel, era el nuevo monarca de dos reinos que se unían: Inglaterra y Escocia. Y Shakespeare recrea hechos rigurosamente históricos, documentados, sobre la ambición de Macbeth que en el año 1040, asesina a su primo el monarca Duncan y que según la crónica de Holinshed, la cabeza de Macbeth termina colgada en una pica en el 1057. También se habla de que fue un leal guerrero en las luchas contra los noruegos, y que los crímenes y usurpaciones que cometió durante su reinado, lo hizo contra los rebeldes a la autoridad pontificia, porque Macbeth era un fiel amigo de la iglesia. Como en la obra, Malcolm, el hijo mayor del asesinado rey Duncan, es apoyado por el ejército de Inglaterra para derrocar a Macbeth, y seguramente, Shakespeare, de esta forma tan sutil de la dramaturgia, le hizo recordar al flamante monarca proveniente de Escocia, el favor prestado.

ALGUNOS APUNTES SOBRE SHAKESPEARE EN EL CINE

Más de 300 versiones cinematográficas se han realizado en el mundo sobre obras de Shakespeare. Llevar al cine alguna de sus 37 piezas teatrales, en cualquiera de sus géneros: tragedias, dramas o comedias, siempre ha dado prestigio, pero muy pocas veces fue acompañado por la taquilla. Entre los éxitos se recuerda el Romeo y Julieta (1969) de Franco Zeffirelli, que en los papeles principales puso a dos debutantes, Leonard Whiting de 17 años, y la hermosa Olivia Hussey de tan solo 15. El tema de amor, leit motiv, de Nino Rota, coronó esta historia romántica. Zeffirelli ya venía con buenos resultados de público, cuando dos años antes había estrenado La Fierecilla Domada, con Richard Burton y Elizabeth Taylor.

Amor sin barreras (West Side Story) 1961, dirigida por Robert Wise y Jerome Robbins, fue una adaptación de Romeo y Julieta, pero convertida en comedia musical y trasladada a Nueva York en 1950. La película fue muy bien recibida por la prensa y el público. En la década del 90, el realizador Bar Luhrmann, se animó en otra versión sobre los amantes de Verona, respetando el título (Romeo + Julieta), pero ubicando la historia en el mundo contemporáneo, en una ciudad tipo Miami. Leonardo DiCaprio era la estrella, y el resultado fue muy bueno.

El británico Kenneth Branagh fue otro de los que cosechó buenos ingresos adaptando obras de Shakespeare. Sucedió con el drama histórico «Enrique V» (1989) y con la comedia «Mucho ruido y pocas nueces» (1993).

En el historial shakespereano fue el Hamlet (1948) de Laurence Olivier, la primera película extranjera (aunque de habla inglesa) en ganar el Premio Oscar a la Mejor Película. Marlon Brando hizo un Marco Antonio que asombró en Julio César (1953) de Joseph L. Mankiewicz. Y el ruso Grigori Kozintsev llevó al cine en forma magistral dos grandes tragedias Hamlet (1964) y Rey Lear (1971). Con el título de «Trono de Sangre» (1957), Akira Kurosawa realizó una de las mejores adaptaciones que se hayan hecho de Macbeth, y en 1985 el director japonés volvería a Shakespeare con Ran, la adaptación de Rey Lear.

Muchos son los nombres de realizadores, actores y actrices que hicieron historia en el cine sobre obras del máximo autor inglés de todos los tiempos. Orson Welles, John Gielgud, Tony Richardson, Roman Polanski, Peter Brook; y en la actuación: Laurence Olivier, Alec Guinnes, Vivien Leigh, Jean Simmons, Peter O Toole, Richard Burton, Ian McKellen, Derek Jacobi, Judith Anderson, Kate Winslet, Judi Dench, Jon Finch, Anthony Hopkins, y decenas de directores e intérpretes imposibles de nombrar en este espacio.

MACBETH EN EL CINE

No son muchas las obras de teatro que contengan un desarrollo visual tan fuera de lo común, como lo tiene Macbeth. Sería totalmente creíble decir que fue concebido como un libreto cinematográfico. La primera escena de las brujas, cuando el cielo está cubierto de relámpagos y los truenos son ensordecedores, seguido por el rey Duncan que recibe de combatientes las buenas nuevas sobre el triunfo del general Macbeth, y ya lo vemos a Macbeth y Banquo, oyendo las profecías de las parcas, son momentos de ritmos precisos, que si bien fueron pensados para la dramaturgia, también prefiguran un verdadero guión, el que va a cobrar notable fuerza cuando interviene Lady Macbeth, haciéndole escuchar a su esposo la voz de la ambición.

De las versiones que se han realizado para el cine, a continuación haremos un breve comentario sobre las tres más importantes. Vale destacar que para televisión se hicieron excelentes trabajos con esta obra, como el dirigido por George Schaefer en 1960, con la actuación de Maurice Evans como Macbeth y la extraordinaria Judith Anderson (la Sra. Danvers en Rebeca, de Hitchcock) como Lady Macbeth. También se destacaron Ian McKellen y Judi Dench en el Macbeth dirigido por Trevor Nunn en 1979.

Macbeth (1948) de Orson Welles

El amor de Orson Welles por la obra de Shakespeare es muy conocido. Desde adolescente, representó sus obras en cualquier teatrillo que le permitiera desplegar su talento. Han quedado testimonios de su s actuaciones en radioteatros y en los escenarios del mundo, al igual que sus trabajos de dirección. En cine, son muchas las obras de Shakespeare que intentó trasladar pero lamentablemente algunas quedaron en el camino, caso, Julio César y El Rey Lear, pero sí concretó maravillosos trabajos como productor, realizador y actor en tres importantes filmes: Macbeth (1948), Otelo (1952), y Campanas de Medianoche (1966), que es una recreación del personaje Falstaff, de Las alegres comadres de Windsor y Enrique IV, que Verdi lo llevó a la ópera, después de su Macbeth y Otelo.Welles, bien a su estilo tan personal, filmó Macbeth en apenas una veintena de días, y con el escaso presupuesto que podía aportar el estudio Republic, de una categoría muy menor a los grandes estudios. Años después, su Otelo iba a tener que atravesar situaciones mucho más penosas para continuar la filmación en Marruecos, pero todos estos avatares por la falta de dinero, hacen configurar a Welles como un típico ejemplar del cine independiente.Es cierto que la realización de este Macbeth, está cargada de recursos teatrales, claro que bien disimulados por este experto y creativo que sabe cómo pocos donde poner la cámara y obtener diferentes ángulos de toma, y manejar los ritmos. La escenografía aparece artificiosa, rugosa, oscura, los interiores no son propios de un castillo medieval, sino de una caverna de varios senderos. Por momentos, algunas escenas recuerdan ese cine expresionista que Welles indudablemente admiró, con sus grandes contrastes en el blanco y negro y deformidades en las figuras y pasadizos difusos. La resonante voz de Welles, y su forma de decir los poéticos parlamentos, conforman un adicional importante.Welles introduce en la obra a un sacerdote cristiano que, en una clara muestra de lucha contra el paganismo, busca correr a las brujas cuando se acercan a Macbeth y Banquo. Luego, este padre de la iglesia, va a conducir una ceremonia religiosa ante el rey, donde hace que todos los presentes juren su rechazo a satanás. Es honesto destacar, que toda la primera parte de esta versión de Macbeth se da en forma abrupta, si bien es cierto, que el ritmo que le imprimió Shakespeare no dio lugar a tiempos de sosiego, Welles hace que los acontecimientos se vayan precipitando, a diferencia de la versión de Roman Polanski, que da mayores respiros.
El Trono de Sangre (1957) de Akira Kurosawa.
Estrenada en la Argentina 20 años después, en 1975. Cuando este gran realizador japonés presentó en el Festival de Venecia esta versión de Macbeth, ya era conocido en el mundo occidental, especialmente porque seis años antes su Rashomón, había obtenido en ese mismo festival el codiciado primer premio, el León de Oro. Pero en esta oportunidad, los puristas de Shakespeare saltaron en contra de que se otorgase nuevamente semejante premio para quien no había sido demasiado fiel con uno de los padres de las letras universales. Si bien el actor Toshiro Mifune recibe el nombre de Washizu, en lugar de Macbeth, y la historia se trasladaba al medioevo feudal japonés, Kurosawa consigue una precisa traslación de la obra al lenguaje fílmico, de extraordinarias calidades visuales. Sin embargo, algunos de los más importantes diarios de occidente se refirieron a la falta de elocuencia, producto de la carencia del verso shakespereano. En 1965, la reconocida revista británica Sight and Sound decía que «Trono de Sangre» había tenido el mérito de transformar una obra de Shakespeare en una película. El mundialmente conocido especialista en Shakespeare, Harold Bloom, dice que «Trono de Sangre», extrañamente es la mejor versión, aunque se aparte de las especificaciones de la obra.
Macbeth (1971) dirigida por Roman Polanski

Cuarenta años atrás, esta película fue tildada de sanguinaria, cruel sin necesidad, y hasta desaconsejable para la gente joven. Hoy, como sucede con tantas cosas de la vida moderna, y su revisión del pasado inmediato, pasa el examen sin sorprender a nadie por su violencia, y por ser una muy buena versión de la obra. Polanski comenzó a trabajar en Macbeth, poco después de que su esposa Sharon Tate, embarazada, fuera ultrajada y asesinada en su hogar por Charles Mason y su secta. En la película, Polanski destaca la escena del asesinato de la mujer de Macduff y sus hijos, por los bestiales hombres mandados por Macbeth. Una puñalada mortal en la espalda a un niño de 10 años, violaciones, y la desesperación. Polanski muestra crudamente la bajeza de hombres provenientes de los infiernos.El joven actor británico Jon Finch, que al año siguiente sería la figura de «Frenesí» de Hitchcock, compone muy bien ese Macbeth que Shakespeare, durante la primera parte, lo presenta ambicioso pero temeroso y dubitativo, pero que después de cometida la primera gran traición y el asesinato más miserable, fue contagiado por la sangre que pedía más sangre. Fue entonces cuando su esposa lo aprobó como hombre. A diferencia de Welles, quien puso para el papel de Lady Macbeth, el rostro duro de Jeanette Nolan, Polanski, prefirió el de una mujer joven y bella, Francesca Annis, quien supo transformar su rostro, de apariencia inocente, con miradas pérfidas. Para Banquo, recurrió a Martin Shaw, un actor dúctil, que curiosamente, hizo casi toda su carrera actoral para series y movies para televisión.

Polanski ubica la primera secuencia del filme en una playa desierta y donde se ve a las tres hermanas fatídicas enterrando un brazo en la arena. Mientras transcurren los créditos, con fondo de un cielo de nubes que se desplazan, se escuchan los sonidos de acero, furia y dolor, de un combate de ejércitos. La cámara vuelve a la playa al final de la batalla, ahora aparecen cuerpos diseminados sobre las arenas manchadas de sangre, y en planos lejanos hombres balanceándose en las horcas. Desde allí parten Macbeth y Banquo, en medio de una fuerte tormenta, hacía un encuentro, no esperado por ellos, con las brujas que van a profetizar los destinos. El filme tiene momentos de extraordinario ritmo, y escenas muy bien logradas como el asesinato del rey Duncan, cuando le clava la daga en la garganta y la corona cae, o el combate final entre Macbeth y Macduff.

MACBETH, VISTO POR FREUD, BORGES Y BLOOM

Macbeth es uno de los personajes favoritos de Sigmund Freud, quien apunta que a medida que sus crímenes se multiplican, la ansiedad de Macbeth crece, y con ella sus deseos asesinos. Freud, lo ve como inmune a la melancolía, y que el hecho o la maldición de no tener hijos, era para Macbeth la motivación para la usurpación y el asesinato.

En su libro «Shakespeare. La invención de la Humanidad», Harold Bloom dice que Macbeth es el más imaginativo y el más desafortunado de todos los protagonistas shakespereanos. Le otorga una inteligencia ordinaria, pero un poder de fantasía enorme. Bloom, piensa que en esta época presente los crímenes de Macbeth producen un efecto mayor en la audiencia, que cuando se representaba en el 1600, la gente, por entonces, estaba acostumbrada a presenciar en vivo ejecuciones en las plazas, sean por ahorcamiento, decapitaciones o descuartizamientos.

En el prólogo de la edición de Macbeth – Sudamericana 1970- Jorge Luis Borges, dice: «Creo en Hamlet, pero no en las circunstancias de Hamlet; creo en Macbeth y creo también en su historia». Borges, señala que el sonido y la furia de Macbeth, parecen eludir el análisis, a diferencia de Hamlet que es un pensativo en un mundo violento. «Todo es elemental en Macbeth, salvo el lenguaje que es barroco y de una exacerbada complejidad».

William Blake, ha dicho que el arte más alto es inmoral y la exuberancia es belleza, y que Macbeth tiene exceso de sangre y energía.

Shakespeare, ha creado villanos importantes en sus obras, el caso del siniestro Yago, el genio del mal, una de las figuras centrales en Otelo. Yago provoca la destrucción de un gran amor entre el moro de Venecia y la dulce Desdémona, al implantar los celos y la mentira de adulterio. Ricardo III, es tal vez el más brutal asesino entre todos. Su historia es verídica, porque Ricardo de York, el jorobado duque de Gloucester, regente del reino, después de la muerte de su hermano mayor, asesina a su otro hermano y a sus dos sobrinos legítimos herederos de la corona, para quedarse con el reino. Shakespeare, le imprimió una frase que se ha sumado a la historia pero del arte. Cuando el perverso rey es rodeado por los enemigos, pide a gritos ¡Un caballo, un caballo! Y ofrece a gritos a soldados muertos de hambre: ¡Mi reino por un caballo! Por lo visto, hay momentos en que las coronas no valen tanto. Hay una frase que Hamlet le dice a su fiel amigo Horacio, la que puede pensarse también sobre las ambiciones. «Dadme un hombre que no sea esclavo de las pasiones y lo llevaré en el centro de mi corazón».

Artículo realizado por Jorge Luis Scherer para Ultracine.

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