“Vértigo”: un sueño en los abismos del amor, la perversión y la muerte

Por Jorge Luis Scherer.

Vertigodestacada

Se estrenó en 1958, hace 58 años. Era la película N° 45 de Alfred Hitchcock. En Estados Unidos pocas fueron las críticas favorables, y entre las indecisas y las negativas, sumaron muchas. Un grupo de jóvenes franceses, reunidos en la revista Cahiers du Cinema, la puso en las nubes. Cuando se reestrenó mundialmente en 1984, el mundo entero la consideró una obra maestra absoluta. En 2012, la publicación Sight and Sound, del British Film Institute, que convocó a 846 críticos y 358 directores, la eligió la mejor película de la historia del cine. Pocas películas han generado análisis y lecturas tan diversas, sus conexiones con mitos clásicos, leyendas medievales y la más variada literatura de ficción, la han convertido en una obra fundamental del arte contemporáneo.

“Vértigo” es como un canto de sirenas, hay que entregarse a su encanto. La fascinación de las formas, donde la apariencia le gana a la realidad y donde las perversiones, la melancolía, el fetichismo, y como diría el propio Hitchcock: “la necrofilia”, se mezclan con el ideal romántico para obtener una película poética, dueña de los espacios y los tiempos. No se entiende mucho cuando estudiantes avanzados en las distintas especialidades de la carrera cinematográfica dicen que “Vértigo” nunca les fue exhibida. El pecado de sus maestros es tan grande como no hacerlos disfrutar de “El Acorazado Potemkin”, “El Ciudadano”, “M, el vampiro de Dusseldorf”, o “Tiempos Modernos”, por citar unas pocas. “Vértigo” debe ser vista, no sólo porque es una película mítica, sino que es una verdadera enciclopedia visual. Todo está pensado minuciosamente, desde el diseño de los títulos de los créditos, fundamentales como introducción, la preponderancia de dos colores seleccionados para enriquecer la forma de ver la historia, el vestuario, pensado al detalle para cada una de las secuencias, los movimientos de cámara, y una partitura musical, obsesiva, romántica y misteriosa, que se convertirá en el motor del filme. Y en la escena, las actuaciones sobresalientes del veterano James Stewart y la joven seductora Kim Novak, direccionados por un guión preciso y la mano de un maestro en su mejor película.

RETRATO CARLOTTADe Pigmalión a Hitchcock

Según cuenta Ovidio, en la fábula VIII de Las Metamorfosis, Pigmalión vivía en estado de celibato, pero como era un artista, hizo con marfil una estatua de mujer joven, y la creó tan bella que se enamoró perdidamente. Hasta le hacía regalos y la vestía con preciadas prendas. Cuando llegaron las festividades a Venus en la isla de Chipre, Pigmalión, pidió a la diosa que se le concediera la gracia de una mujer como su estatua. Cuando llegó a su casa, vio que el marfil se ablandaba y que su amor se convertía en mujer.

Para el profesor rumano Víctor Stoichita, quien desarrolló el tema en su extraordinario libro “Simulacros”, dice que la estatua de Pigmalión no imita nada ni a nadie, que es fruto de la imaginación, que la mujer que le otorgaron es un fantasma, un simulacro. “El efecto Pigmalión – agrega- es un efecto de muerte y resurrección”.

Antes de volver a las semejanzas de “Vértigo” con Pigmalión, veamos otras conexiones con la mitología. Cuando Eurídice muere mordida por una serpiente, su esposo Orfeo desciende al más allá, al inframundo en busca de su amada, porque quiere regresarla al mundo de los vivos. Sortea muchos peligros, pero los dioses le permiten llevarse a Eurídice, pero la condición era que él caminase delante de ella, que nunca se diera vuelta, hasta que los rayos del sol la bañasen. Al llegar a la superficie, Orfeo miró hacia atrás, pero ella todavía no había sido bañada por el sol, y Eurídice se desvaneció en el aire y para siempre. Según relata Platón, los dioses del inframundo presentaron a Orfeo solamente una aparición de Eurídice.

Uno de los relatos más célebres del romanticismo negro es “El Hombre de Arena”, de E.T.A. Hoffmann, publicado en 1817, dentro de una selección llamada “Cuentos Nocturnos”. En esta historia, Nathanael es un joven estudiante que se enamora de una bella mujer llamada Olimpia, pero ella es una autómata producto de la invención de dos desalmados. Cuando el joven descubre la verdad, lo invade la locura que lo llevará a la muerte.” El Hombre de Arena” fue analizado por Freud en” Lo Siniestro”, donde manifiesta que lo ordinario o común se torna siniestro cuando lo elemental se hace extraño. En un seminario sobre la angustia, Lacan también analiza esta obra de Hoffmann. Hay quienes encuentran paralelismo con Nietzsche en “Así habló Zaratustra “, y las teorías del eterno retorno.

Otra de las historias con conexiones a la historia de “Ente los muertos “ y “Vértigo”, es el cuento “ El retrato oval “, de Edgar Alan Poe, y en el cine la película de Fritz Lang, “La mujer del cuadro”, y en cuanto al planteo sobre el tema del doble, vale nombrar “La doble vida de Verónika” de Kieslowski.

REST ERNIEDe entre los muertos a “Vértigo”

Los franceses Pierre Boileau y Thomas Narcejac publicaron en 1954 su novela “De entre los muertos”. Según Truffaut, la escribieron pensando que Hitchcock se iba a interesar en hacer la película, dado que años atrás Henri-Georges Clouzot le había ganado de mano al adquirir “Las Diabólicas”, también escrita a cuatro manos por estos autores. La Paramount -que había tenido buena cosecha con” La Ventana Indiscreta”, “Para atrapar al ladrón “y “En manos del destino”- pagó los derechos sin titubear, y Hitch y su esposa Alma Reville, colaboradora imprescindible, empezaron a idear la película. Cuando la tenía en la cabeza, con modificaciones profundas a la novela original, en principio, no la ambientaría en un oscuro París bélico, sino en la ciudad de San Francisco. Y otro paso fundamental sería que el protagonista sabría toda la verdad bastante antes de llegar al final. De esa manera intensificaría el suspenso en los últimos minutos, a diferencia de la novela que solo aportaba sobre el final el elemento sorpresa. El dramaturgo Maxwell Anderson fue el primer guionista contratado. Anderson había sido el escritor de “El hombre equivocado”, el último filme de Hitch, pero al poco tiempo el realizador decidió cambiarlo por Alec Coppel, que hizo importantes aportes, pero el tercero fue la vencida: terminó adoptando a Samuel Taylor, que por ser natural de San Francisco conocía al dedillo el espíritu de la ciudad. En los créditos de la película figuran los dos últimos guionistas.

Los exteriores de” Vértigo” comenzaron a filmarse en setiembre de 1957. Por entonces, la película iba a llamarse “From Among The Dead”. Así quedó registrado en las claquetas.

La resurrección.

Fabricando la atmósfera

Hitchcock tenía todo preparado para que Vera Miles fuera Madeleine. Todo el vestuario estaba hecho para ella pero quedó embarazada. Después del desfile de algunos nombres, Hitch se decidió por Kim Novak, quien había tenido buenas actuaciones en “El hombre del brazo de oro” (1955) de Otto Preminger y en “Pic nic” (1955) de Joshua Logan, película que la consagró como una nueva sex symbol, especialmente por la sensualidad desplegada en la escena de baile junto a William Holden. Al principio, Kim Novak estuvo reticente al vestuario propuesto por Edith Head, la diseñadora que enseñó a vestir a Hollywood. Novak insistía que la ropa gris no le sentaba bien, pero para Hitch el traje gris en Madeleine no era negociable. Truffaut, en su libro de conversaciones con Hitchcock reproduce lo que el director le dijo a la actriz: “A la señorita Novak la visité en su camerino y le dije qué vestidos y peinados debía usar. Le hice comprender que la historia de la película me interesaba mucho menos que el efecto final visual”.

James Stewart, para el papel de Scottie, era un número puesto. Ésta iba a ser la cuarta película en que Hitch dirigiría al veterano actor (“La soga”, “La ventana indiscreta” y “En manos del destino”). Solamente Cary Grant le iba a empatar esa posición al año siguiente cuando filmaron” Intriga Internacional”.

Bernard Herrmann compuso para “Vértigo” una de las mejores bandas sonoras para el cine, una auténtica sinfonía. Ante un filme tan visual, su música daba a entender los sentimientos que igualaban en profundidad al gesto y la mirada. Herrmann y Hitch fueron inseparables durante muchos años. Hicieron siete películas juntos, pero terminaron peleándose en la octava,” Cortina Rasgada” (1966), que la continuó John Addison. Si bien Herrmann compuso obras musicales tan extraordinarias como la de “Vértigo “(1958) y “Psicosis” (1960), nunca una banda sonora suya hecha para filmes de Hitchcock, tuvo nominaciones en los Oscar. Murió poco después de terminar su trabajo en “Taxi Driver”.
Saul Bass suele figurar en el rubro técnico: Títulos. Pero Bass se adelantó varias décadas al convertir los títulos como parte de la narración. Antes de él, los créditos aparecían como si se abriera un libro de cuentos, nombres acompañados de música sinfónica. Este hombre los convirtió en parte de la narración de la película. Son memorables muchos de los once trabajos que hizo para Otto Preminger, por ejemplo “Bonjour Tristesse “(1958) y “Anatomía de un asesinato” (1959). En esta última, sus diseños eran acompañados por la música de Duke Ellington. Para Hitchcok, se destacan sus experiencias gráficas para “Vértigo” y “Psicosis”. En “Vértigo” consiguió efectos inquietantes cargados de irrealidad, manteniendo siempre la línea circular, la espiralada, que comienza con la toma de un ojo de mujer bañado en rojo. Hitch le encargó también el diseño del poster. No podía ser de otra manera.

Edith Head, la exquisita diseñadora de vestuario amada por todas las estrellas de Hollywood, puso su magia en once películas de Hitchcock. Vale recordar sus trabajos para Ingrid Bergman en “Tuyo es mi Corazón”, Grace Kelly en “La ventana indiscreta”, Doris Day “En manos del destino”, Tippi Hedren en “Los Pájaros”, y por supuesto Kim Novak en el filme que nos ocupa.

También fue notable el profesionalismo del director de fotografía Robert Burks, que supo darle un tono fantasmagórico a las calles de San Francisco, y de lograr el efecto vértigo mediante la utilización del zoom hacia adelante y un movimiento hacia atrás, casi en forma simultánea.

Henry Bumstead, que fue el art director, confesó que a Hitch no le gustaba filmar en exteriores, que él se sentía a gusto filmando en el plató, donde dominaba todo. Bumstead fue quien fabricó una torre que reemplazaría a la de San Juan Bautista, que había sido destruida por un incendio varios años atrás.

EL AMOR

Secuencias: Un clima sugestivo cargado de erotismo y olor a muerte

Las primeras tres secuencias tienen características casi convencionales, sin entrar en detalles. Aquí vemos en acción al detective de la policía John “Scottie” Ferguson (James Stewart) en una frustrada persecución por su padecer de acrofobia, más conocida como vértigo. Retirado de la fuerza es contratado por un ex compañero de la universidad, Galvin Elster (Tom Helmore), para que siga a su esposa Madeleine (Kim Novak), quien tiene comportamientos misteriosos, como si estuviera poseída por alguien del pasado.

El esposo de Madeleine había planeado que Scottie conociera visualmente a Madeleine en el restaurante Ernie´s. Esto va a suceder en la secuencia cuarta, dura poco más de un minuto y medio, pero tiene una atmósfera mágica. Es admirable como los planos, los decorados, el vestuario y la música envolvente se combinan en esta escena prodigiosa.
Cuando Scottie entra y se sienta a la barra, distingue a Gavin Elster de frente y la espalda amplia de una mujer que lleva un chal verde esmeralda sobre su vestido de noche. La pareja se levanta y Scottie disimula y deja de mirarlos, la música entra en un crescendo, y cuando pasan por la barra yendo a la salida, ella se detiene por un segundo, y Scottie puede observar el hermoso perfil, con el cabello recogido rubio platinado, mientras el chal verde cobra dimensión sobre el tapizado rojo sangre de la pared. Colores que van a ser simbólicos en el filme. Madeleine, gira buscando a su esposa y exhibe su otro perfil, ellos están muy cerca pero no llegan a cruzar miradas.

La quinta secuencia es la más larga de las veinticinco que componen el filme, y tal vez la de mayor audacia técnica. Dura 13 minutos y no tiene diálogos. Desde una subjetiva del auto de Scottie, vemos el Jaguar verde que conduce Madeleine doblando en las esquinas como si se tratara de un laberinto espiralado. Se va a detener en una florería, donde Scottie va a descubrir por un espejo su rostro completo, y la elegancia con que lleva ese traje gris, que después será su obsesión. Luego, recalará en el cementerio para visitar la tumba de Carlotta Valdes, quien tiene fecha de fallecimiento un siglo atrás, y después de otra recorrida por las calles con sus subidas y bajadas, Madeleine se sentará frente al retrato de Carlotta en el Museo de la Legión de Honor. Scottie, que la observará a sus espaldas va a notar que Madeleine lleva el mismo rulo en el cabello recogido que el pintado en el retrato de Carlotta. La recorrida va a terminar cuando la pierde en el Hotel McKittrick, donde ella ingresa y después se esfuma misteriosamente. En toda esta secuencia, hay que destacar el magnífico trabajo musical de Bernard Herrmann. Son 13 minutos cautivantes.

En la secuencia sexta, Scottie y su amiga Midge (Bárbara Bel Geddes) recurren al dueño de la librería Argosy, que es un experto en el anecdotario del viejo San Francisco quien les contará la historia de Carlotta Valdes, su locura y muerte. Hitchcock, era muy amigo del librero Robert Haines, dueño de The Argonaut Book Shop, San Francisco, que fue creada en 1941 y se especializaba en libros raros, manuscritos y mapas. Como no le daban los ángulos para filmar directamente en esa librería, como era su deseo, la replicó en un estudio de Hollywood. Cuando se exhibió la película, los antiguos clientes de la librería no podían creer que esa no fuera la verdadera.

Las secuencias 8, 9 y 10, son centrales para ver la fascinación de Scottie por esta mujer y la seducción que ella ejerce. Scottie vuelve a perseguirla y vemos cuando ella se arroja a las aguas de la bahía. Scottie nada y la salva. La introduce en el auto, ella está semi –desvanecida. Scottie tiene su cara a centímetro del de ella y con voz de enamorado repite su nombre. En la siguiente secuencia vemos a Madeleine durmiendo en la cama de Scottie, la ropa está tendida en la cocina. Madeleine se despierta y se da cuenta que está desnuda. Se acerca al fuego de la estufa con los pies descalzos, vistiendo la bata de Scottie y conversan y se miran a los ojos. Al día siguiente ella va a agradecerle, Scottie le propone pasear juntos, Madeleine le dice que “deambular es de uno solo, dos persona siempre van a algún lado”.

En la secuencia 11, ella conduciendo su flamante Jaguar verde, llegan al Muir Woods, el famoso bosque de sequoias semper virens, donde muchos de esos árboles han pasado los dos mil años de existencia, árboles que desafían las leyes del tiempo. Madeleine se acerca a un tronco cortado para exhibición, y ese extenso diámetro está cubierto de anillos que marcan sus años, ella arrima un dedo para señalar su nacimiento y su muerte, se siente empequeñecida, ve que su vida es efímera ante esas eternas figuras. Esta es una escena donde la naturaleza y el especial trabajo en la luz producen diferentes sensaciones, porque se contrapone la desbordante magia, con la angustia que genera la protagonista y que le transfiere a Scottie.

En la secuencia 14 se produce el suicidio de Madeleine al arrojarse de la torre de la misión española San Juan Bautista. Scottie no puede salvarla del arrebato suicida por su acrofobia que le impide subir los peldaños de la escalera de caracol. Aquí es como que termina una primera parte, nunca declarada como tal.

Scottie va a padecer un juicio por negligencia, del que será absuelto y luego pasará varios meses en un psiquiátrico por melancolía aguda y complejo de culpa. Recién en la secuencia 19, va a descubrir en la calle a una mujer parecida a Madeleine y le propone cuidarla. En la secuencia siguiente, el espectador va a saber que esta joven llamada Judy Barton es Madeleine, en un flashback se muestra lo sucedido cuando Madeleine llegó a la torre y Gavin Elster arrojó al vacío a su esposa, la verdadera Madeleine, que en la película nunca se muestra.

La transformación de Judy y la resurrección de Madeleine, son realmente secuencias de antología (22 y 23). En “El Cine según Hitchcock”, Truffaut se refiere a estas secuencias como sus preferidas, y comenta el momento cuando Scottie lleva a Judy a la tienda para comprarle un vestido idéntico al que usaba Madeleine y resalta el cuidado con el que eligió unos zapatos, comportándose como un maniático. Hitchcock le responde que “es la situación fundamental de la película. Todos los esfuerzos de James Stewart para recrear a la mujer cinematográficamente, están presentados como si intentara desnudarla en vez de vestirla”. Luego, Hitch se refiere como la escena de mayor intensidad al momento en que Judy regresa al hotel después de haberse teñido el cabello de rubio platinado, pero él la mira y le suplica que se lo recoja. Cuando Judy sale del baño es Madeleine, Hitch dice que es “como si estuviera desnuda, lista para el amor”. Y aquí conviene detenernos, para subrayar el trabajo artístico y técnico en esta escena para darle alta emotividad. Como dice el filósofo esloveno Slavoj Zizefen en su “Guía de los pervertidos al cine”, los dos personajes están atrapados en su propio juego, en donde la apariencia le gana a la realidad. Judy se convierte en una mujer muerta, la elevación de una mujer terrenal común, a la condición de objeto sublime. Éric Rohmer, en un artículo dedicado al análisis de “Vértigo”, publicado en Cahiers du Cinema N° 93 de marzo de 1959, bajo el título de La hélice y la idea, dice que: “Todo el pasaje en el que Stewart se transforma en Pigmalión es admirable… Este hombre recrea una imagen sexual imposible, este hombre quiere acostarse con una muerta, esto es necrofilia”.

Judy termina de convertirse en Madeleine en el baño con el último retoque en el cabello, mientras Scottie espera la muerte de Judy y la resurrección de Madeleine. Cuando ella sale del cuarto de baño, toda su figura, vestida con el traje gris y el cabello platinado, son teñidos por una luz verde que proviene de un cartel de neón de la calle, lo que da la sensación de una aparición entre la niebla. Madeleine, que vuelve de entre los muertos, camina a paso lento hacia Scottie, que tiene los ojos llorosos. Se abrazan y besan apasionadamente, la cámara gira alrededor de ellos en travelling circular de 360 °, significando una vuelta al pasado.

En las dos últimas secuencias, la 24 y 25, que son los últimos 10 minutos de película, nos encontramos con una Judy feliz de haberse convertido en Madeleine, pero eso la lleva a caer en la equivocación de colocarse el collar de Carlotta que le había dado Gavin Elster. Scottie se da cuenta, siente el puñal de la traición, pero calla. Es de noche, él le propone tomar la ruta, va rumbo a la misión española, allí arrastra a Judy/Madeleine por las escaleras, Scottie está desesperado y le dice ¿fue él quien te formó? No puede admitir que el criminal de Elster haya creado a Madeleine, la única mujer que amo en toda su vida. En el campanario, ella le pide perdón y le confiesa su amor, pero surge algo inesperado y Judy/Madeleine cae al vacío.

La estúpida censura

Durante aquellos años algunos países no admitían finales de películas donde los criminales no fueran castigados. Por eso Hitch realizó para esos territorios una muy breve secuencia donde se ve a Midge, la amiga de Scottie, escuchando la noticia en la radio que anuncia la detención en Europa de Galvin Elster, el asesino de su esposa, de Madeleine Elster. En ese instante entra Scottie, no se hablan, ella le acerca una copa, y él se queda observando a través de la ventana. FIN.

LA JOYA MORTAL

Sus contemporáneos no supieron verla

En su estreno, “Vértigo” recibió críticas negativas de semanarios importantes, no así de los diarios nacionales. En la taquilla- según Hitchcock- cubrió los gastos, cosa que para este director exitoso fue un fracaso.

“Vértigo” fue presentada en la 6° edición del Festival de Cine de San Sebastián en 1958, donde obtuvo la Concha de Plata ex aequo con  “Rufufo “de Mario Monicelli. El premio mayor, la Concha de Oro, fue para “Eva quiere dormir”, del polaco Tadensz Chmienlenski. En los premios Oscar cosechó solamente dos nominaciones (sonido y decoración) pero no ganó ninguno.

En 1995 comenzó un arduo trabajo de restauración del filme, que llevó más de dos años y se invirtió un millón de dólares. Los negativos estaban descoloridos y se estaba perdiendo la banda sonora. En 1997 se presentó la película restaurada y resonorizada en el Festival de Cine de Berlín, con la presencia de Kim Novak, quien recibió un Oso de Oro por su trayectoria. El Festival de Cine de Cannes en 2013, le rindió un homenaje a “Vértigo” y contó con la presencia de Novak, quien dijo que Hitch era todo un caballero.

Las eternas dudas de Scottie

Son nuestras ilusiones las que nos van defraudando”, Anthony Burguess.

¿Cuántas cosas se habrá preguntado Scottie, después de ver el cuerpo de Judy /Madeleine inerte en el tejado de la misión española? ¿Madeleine habrá sido la amante de Gavin Elster, o solo una cómplice por dinero? ¿Sabría Madeleine que al llegar al campanario de la torre Elster iba a tirar a su esposa para asesinarla? ¿El grito de Madeleine había sido planeado para acompañar la caída de la esposa, o gritó por el horror que le causó presenciar un crimen del que no estaba al tanto? ¿Fue realmente engañada? ¿Es posible comprender que Madeleine haya sido la invención de un ser maléfico, como sucediera con la Olimpia del relato “El hombre de arena”, de Hoffmann? ¿Sentirá la voluntad de convertirse en Orfeo y entrar al inframundo para traerla al mundo de los vivos? ¿Alguna vez estuvo viva o fue solamente una ilusión?

LA TORRE

Artículo escrito por Jorge Luis Scherer -periodista, profesor de literatura y cine- para Ultracine.

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