“Ouija. El origen del mal”: nunca hables con los espíritus

La segunda parte de la saga redobla la apuesta en la búsqueda de los orígenes de la maldición de una casa. Una continuación que supera ampliamente a la primera entrega. Asusta y mucho.

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“Nunca juegues solo. Nunca juegues en un cementerio. Siempre di adiós”, dicen las reglas básicas del tablero usado para hablar con los muertos y que serán sistemáticamente quebradas en “Ouija. El origen del mal”. La continuación de 2014, dirigida por Mike Flanagan, también rompe la norma que dice “segundas partes nunca fueron buenas”. En este caso, no sólo es buena sino que supera ampliamente a su precursora.

En 1967, Alice Zander (Elizabeth Reaser) es una médium que ayuda a sus clientes a comunicarse con los muertos. Sin embargo, todas sus sesiones son estafas de poca monta que realiza con la ayuda de sus dos hijas: Doris (Lulu Wilson) y Paulina (Annalise Basso). Su marido ha fallecido recientemente y lucha por pagar la hipoteca y las cuentas impagas. Cuando adquiere una tabla Ouija para agregar a su show, Alice descubrirá que Doris tiene poderes extra sensoriales reales al poder comunicarse con su esposo muerto. Sin embargo, un oscuro espíritu poseerá a la niña y, junto a Pauline y un sacerdote (Henry Thomas), deberá intentar salvarla.

Los méritos de “Ouija. El origen del mal” son varios. En primer lugar, es la continuación de una película poco memorable de 2014 que -por si fuera poco- demoniza a los personajes principales de este film. Alice y Doris son los espíritus que atormentan en la época contemporánea a Sarah, Laine y sus amigos; mientras que Pauline finge ayudarlos desde el hospital psiquiátrico. La historia de 2016 logra hacernos empatizar con los personajes principales y atar los cabos sueltos entre ambos relatos.

Doris es la protagonista de nuestras pesadillas: una cara angelical de menos de 10 años poseída por un demonio. La construcción del monstruo es notable, al igual que varias escenas que recuerdan a clásicos de terror de los ´70. La dirección de fotografía va en esa dirección temporal y sale airosa: ambientada a finales de 1960, podría ser parte de un programa doble junto a “El exorcista” (1973).

El director de “Ouija. El origen del mal”, Mike Flanagan, ha pasado de ser una promesa del cine terror mundial a un referente innegable. Su debut independiente “Absentia” ya lo mostraba como un nombre a tener en cuenta. Aunque su talento para horrorizarnos en innegable, su construcción dramática de los personajes produce una textura inusual en los cuentos de terror. Lo hizo magistralmente en el slasher “Hush”, estrenado en Netflix; y en “Oculus”, donde experimenta algo de la estética usada en su último estreno. No tan lograda (si hablamos de sustos) es “Somnia: Antes de despertar” (“Before I Wake”) con una mayor carga psicológica, aunque visualmente es increíble (y el protagonista es el adorable Jacob Tremblay). Mientras trabaja en su próximo proyecto –“El juego de Gerald”, basado en la novela homónima de Stephen King-, ya podemos ver en salas “Ouija. El origen del mal”. Aunque si no pueden dormir a la noche, no me digan que no les avisé.

REDACTOR_ULTRACINEcarina-rodriguez

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