Las caras de la violencia, en los 5 documentales nominados al Oscar

Por Jorge Luis Scherer.

AMY.

Como es habitual cada año, cinco documentales largometrajes son nominados para competir por el premio Oscar en esta categoría. Lo curioso de esta última edición fue que las cinco películas seleccionadas tenían como premisa la violencia. No la violencia de la naturaleza o del mundo animal, sino la que es pensada, la ideologizada, o la que fluye de los instintos básicos del ser humano. Revisando el historial de documentales en los Oscar, en sus distintas décadas, nunca se había dado algo similar.  En la ceremonia realizada en el último día de febrero, la ganadora fue “Amy”, de Asifi Kapadia, sobre la vida de la compositora y cantante británica Amy Winhouse, muerta en julio de 2011 por una excesiva ingesta de alcohol, después de años tortuosos causados por drogas duras. Otra gran cantante estaba entre los documentales seleccionados, era la sacerdotisa del soul, Nina Simone, una mujer cargada de melancolía, golpeada sin piedad por su marido, y un ícono del poder negro durante los enfrentamientos raciales en la década del 60. Esta realización, presentada por Netflix, y realizada por Liz Garbus, tiene un título interrogativo, “What Happened, Miss Simone?”, que será develado en cada momento.

Los otros tres documentales nominados son muy diferentes a los de estas dos estrellas de la música, aquí la violencia no es intrafamiliar, de ideas suicidas o sobre las adicciones. No se trata de nombres propios, vidas conocidas para contar, son pasado y presente de políticas intolerantes y crueles, de sociedades que no pueden cerrarle los ojos a sus muertos porque no hay justicia. “La Mirada del Silencio”, de Joshua Oppenheimer, es un trabajo valiente, una cámara que se anima a visitar a los sádicos asesinos que conformaron los “escuadrones de la muerte”, cuando se dio el golpe de estado en Indonesia en 1965. “Tierra de Cárteles” no es muy diferente al documental anterior en el sentido de la falta de justicia. Dirigida por Matthew Heineman, muestra a los poderosos cárteles de la droga en México, y cómo los grupos de defensa en los pueblos toman la ley en sus manos, y se convierten en vulgares torturadores y asesinos. “Invierno sobre Fuego”, realizado por Evgeny Afineeusky, muestra a una Ucrania partida, el pueblo por un lado y el gobierno y algunos sectores por otro, durante los hechos de 2013 y 2014, cuando las manifestaciones estudiantiles contra el poder autoritario alcanzaron enormes proporciones, y luego, obviamente, la respuesta de los débiles, una brutal represión policial, argumento de los gobiernos sin apoyo popular.

 

“What Happened, Miss Simone?”

“What Happened, Miss Simone?”

Dos vidas rasgadas

Amy tenía una voz rasgada, peculiar, su registro vocal de contralto le permitía jugar con la música, disfrutaba mezclando diversos géneros musicales como el jazz y el soul. A los 13 tuvo su primera guitarra y en plena adolescencia empezó a cantar en bares. Así contado, es de imaginar un documental apacible, pero no es así, la respiración se va a cortar instante tras instante. Todo transcurre rápidamente, como su vida breve, tenía 27 cuando la encontraron muerta en su departamento en julio de 2011. Otra vez se habló de la “edad maldita” para los músicos: Janis Joplin, Hendrix, Morrison, Cobain, entre otros que callaron a esa edad. Otra vez aparecieron los mismos nombres: alcohol, heroína, crack, cocaína, ketamina…, los engañosos bastones de apoyo contra la autodestrucción.
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La reina africana, Nina Simone, la de oscuridad y profundidad en la voz, la que recibió la influencia racial de la melancolía. Sus silencios o los susurros, no salían de su garganta, su alma estaba triste. “Libertad para mí es no tener miedo”, dice en este documental vibrante, porque Nina vivía con miedo. Quiso ser la primera concertista negra, tocaba piano desde los cuatro años en la iglesia donde su madre era predicadora, pero cuando estaba por cumplir su vocación, la bajaron de una beca por ser negra. Y reemplazó a Bach por temas populares en bares de Atlantic City. Un día se enamoró, Andrew, era policía, de los duros, pero dejó la fuerza y se convirtió en su representante. No le daba respiro, quería que cumpliera contratos y que no tuviera sonrisas para nadie. Nina confesó que después de una terrible paliza, como era habitual, le apuntó con una pistola, la ató y la violó.
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El documental sobre Amy Winhouse, presenta a dos hombres en su vida que no le hicieron nada bien. Su padre, Mitch, consumía drogas y alcohol, y su pareja por casi una década Blake Fielder-Civil, también consumidor de estupefacientes, vivió con ella una relación tortuosa. Pese a todo, Amy, revitalizó la música británica como cantante y compositora, su álbum Back to Back, tuvo 6 nominaciones a los premios Grammy y ganó 5. Su última grabación fue un dueto con Tony Bennett, un momento placentero y emotivo dentro del documental. El director británico Asif Kapadia, que se había consagrado con su documental “Senna”, sobre el piloto de fórmula 1, Ayrton Senna, obtuvo para Amy esas imágenes de videos que suelen perderse, muchas en blanco y negro, que fueron armando esa vida desde su niñez, hasta los escandalosos conciertos cuando se presentaba pasada de rosca.
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Nina Simone no se llamaba así. Un novio de juventud le quería decir “niña” en su voz de angloparlante y le salía “nina”. El Simone vino de manera cinematográfica. Le encantó Simone Signoret cuando vio Cascos de Oro. Estos detalles, son pequeños oasis en esta personalidad complicada, por momentos muy arrogante. Sin embargo, las violentas luchas raciales de los 60, hicieron que usara el escenario para hablar de los suyos. Con voz jadeante, decía que Estados Unidos era una país lleno de mentiras. Acompañó a Martin Luther King en la Marcha de Selma en 1965, y en Montgomery, Alabama, en la boca del lobo, cantó “Mississippi Maldición”.Nina, la que había conquistado al público con canciones sobre el amor, como I loves you Porgy, ahora cantaba Señor Reaccionario, donde hablaba de la represión policial, de los hijos que mandan a Vietnam. Nina se llenó de ira. A Luther King le dijo en la cara que nunca iba a ser pacifista. Hizo amistad con Malcolm X, y no dejaba de denigrar a los blancos. Después del asesinato de Luther King, se fue a vivir al África, a Liberia, como primer periplo de un largo deambular. Su única hija confiesa en el documental que era una mujer golpeadora, bipolar. Más tarde la bipolaridad aparecería en un diagnóstico médico. Entre sus confesiones, una de sus canciones lo dice así: “Se me fue la vida fingiendo ser feliz, cuando estoy triste, gritando por dentro que alguien me ayude…”.

 

LA MIRADA DEL SILENCIOLos asesinos que andan por ahí

“¡Venid a ver la sangre en las calles!”, Pablo Neruda
La mirada del silencio”, ganadora del premio del Jurado en el Festival de Venecia, de la Crítica en el Festival de Cannes 2015, entre otros reconocimientos, es un documental que escarba en lo más recóndito de la condición humana. La película anterior de Joshua Oppenheimer, “The Act of Killing”, ya se había adentrado en los crímenes perpetrados en Indonesia tras el golpe militar de 1965, pero en “La Mirada del Silencio” explora la psicología de los criminales, los visita en su casa, conoce sus familias, y les hace contar cómo mataban y torturaban. Para eso se vale del hermano menor de una de las víctimas de estos integrantes de los escuadrones de la muerte. Este hombre, llamado Ramli, nacido tres años después del golpe, va a pedir explicaciones. “Hicimos esto porque Estados Unidos nos hizo odiar a los comunistas”, dice orgulloso uno de los entrevistados. Se dice que cerca de un millón de personas tildadas como comunistas fueron asesinadas en esos tiempos. “El ejército nos respaldaba pero no ponía la cara para no recibir críticas internacionales. Los escuadrones de la muerte hacíamos el trabajo”. Ramli, el hermano de una de las víctimas, trata de mirarlos a los ojos, y ellos no soslayan la mirada porque están orgullosos y recuerdan los momentos cuando torturaban y luego los mataban a orillas del Río Snake. “La gente después no quería comer pescado del río, porque decían que se estaban comiendo a seres humanos”, comenta con una sonrisa. El texano Oppenheimer lleva al joven Ramli para que reconstruya la muerte de su hermano. Su tío, de 82 años, cuenta que él era guardia en la cárcel, pero que no podía pedir por su sobrino. Ramli lo mira fijamente. El asesino material de su hermano muestra los detalles porque hizo un libro con dibujos sobre los asesinatos que cometía. Otro miembro del escuadrón está junto a su hija. Ella está orgullosa de que su padre haya matado tantos comunistas. El viejo cuenta cómo les cortaba la garganta con un machete, arrimaba un vaso y se tomaba la sangre. La hija acota: “Esa sangre lo ponía fuerte”. Hombres orgullosos de sus crímenes.

 

"Tierra de carteles".

«Tierra de cárteles».

Tierra de nadie

Tierra de cárteles” está dirigida, producida y filmada por Mathew Heineman. Algo más que coraje se necesitó para acompañar con la cámara a los fabricantes de drogas en sus cocinas, a los movimientos de grupos armados de autodefensa en Michoacán, y a los mercenarios guardias fronterizos del otro lado de la frontera, del lado de los gringos, los que no quieren ilegales.

“El mundo cambia, pero las calles siguen igual”, dice la canción que suena en los barrios periféricos. Custodiados por hombres de cara cubierta y de armas largas y cortas, un hombre de los cárteles pone su mejor rostro de buen tipo para decir: «Claro que sabemos que hacemos mal con la droga, pero somos pobres, si viviéramos bien no lo haríamos».

Del otro lado de la cámara no hay respuesta. Luego vendrán los testimonios de las madres que entierran a sus hijos y las balas, no tan perdidas, que se llevan criaturas. Cabezas cortadas en las calles, cuerpos de ahorcados bajo los puentes balanceándose como péndulos.

En Michoacán, el cártel de Los Caballeros Templarios no da tregua. Los vecinos se organizan en los pueblos, dicen que el gobierno no da seguridad. El médico José Manuel Mireles, se convierte en líder, y funda un movimiento de autodefensa. Todas las armas que se consigan son válidas, el movimiento va creciendo en los pueblos. Algún legalista en la plaza dice que el movimiento de autodefensa violenta la ley, que debemos creer en las instituciones. Los cárteles de Los Zetas, nacidos de una estructura paramilitar, y Los Templarios, tienen ahora un enemigo tan brutal como ellos. Los de autodefensa tienen sus cuarteles donde torturan y matan. El presidente Enrique Peña Nieto anuncia un perdón para todos los crímenes cometidos por los movimientos de autodefensa. “De aquí para atrás, están libres de todos los males”. La mayoría acepta, Pitufo, el segundo del Dr. Mireles se convierte en policía estatal. Mireles se declara en rebeldía, en junio de 2014 es arrestado y encarcelado en la prisión de Sonora. Mientras, la canción “En las calles”, sigue sonando y las calles siguen igual.

 

"Invierno sobre fuego".

«Invierno sobre fuego».

El precio de la dignidad

Invierno sobre fuego” fue realizado por Evgeny Afineevsky y un equipo importante de cinematógrafos de Ucrania,  Estados Unidos (Netflix) y Gran Bretaña. Los acontecimientos, se dieron en el invierno de 2013 y 2014. ¿Qué sucedió? La Revolución de la Dignidad, un millón de personas en las calles y en el maidán (plaza) de Kiev, vuelta a llamar Plaza de la Independencia después que Ucrania se independizara de la Unión Soviética en 1991. Los estudiantes fueron los primeros que dijeron basta a un gobierno decadente, corrupto, que había originado la mayor desocupación en años. Los jóvenes querían una Asociación con la Unión Europea, para detener la emigración en busca de una mejor vida en otros países. El gobierno de Yanukovich jugaba a espaldas del pueblo para unirse a los propósitos de Rusia.

La Revolución de la Dignidad reclamaba una educación digna, una salud digna, una vida digna. Los estudiantes coparon las calles y se enfrentaron con la policía antidisturbios que reprimía de la manera más cruel posible. El equipo de cinematógrafos procesó más de 1500 horas de crónicas en las calles y un centenar de entrevistas. En los testimonios no hay políticos, solamente activistas. Sangre en las calles pero nadie se iba, volvían, y venían más, y ya no solo eran estudiantes: obreros de fábricas, empleados de oficinas, viejos, mujeres, un pueblo gritaba contra el totalitarismo. Y este documental, en su íntima relación con la realidad, captó esos gritos por la libertad.

 

Artículo escrito por Jorge Luis Scherer -periodista, profesor de literatura y cine- para Ultracine.

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