La leyenda de Tarzán

Por Jorge Luis Scherer.

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El personaje nació hace poco más de un siglo y durante los primeros cincuenta años sus aventuras fueron de las más populares en el mundo entero. A partir del éxito de “Tarzán de los monos“, su autor escribió 23 novelas más. Se realizaron 86 películas (entre mudas y sonoras), series para TV, radioteatros, y fue adaptado al cómic. El filme animado de Disney,”Tarzán”, estrenado en 1999, y su permanencia en el video hogareño, volvió a dar conocimiento del querible personaje a nuevas generaciones.

Warner Bros estrenará “La leyenda de Tarzán”, una importante producción, con Alexander Skarsgard, como el hombre mono en la selva, y Lord Greystoke, en la civilización. Al corpulento actor sueco lo acompaña Margot Robbie, en el papel de su enamorada Jane, el austríaco Christoph Walt, como el desalmado capitán belga León Rom, Samuel L. Jackson, Jim Broadbent y John Hurt, son parte de un destacado elenco, en esta realización del británico David Yates, director de varias películas de la saga de Harry Potter.

 

El nacimiento de la leyenda

Burroughs y su personaje.

Burroughs y su personaje.

 

Hay momentos, a veces es sólo un instante, en que calla la fauna y la brisa se adormece en la selva verde africana. Es cuando el silencio se convierte en sinónimo de peligro, y lo invade todo, los ojos de las bestias quedan expectantes, como si un espíritu mayor recorriera la vegetación, y tendiera un manto como el de las nubes negras que anticipan los huracanes, que crecen en las profundas aguas y corren potentes para doblar árboles y arrancar nidos. Cuando el simio gigante Kerchak, el más despiadado de los líderes de la especie se dirigió a la cabaña de Lord Greystoke, la selva enmudeció. El noble inglés cayó muerto ante sus manos y colmillos, y fue el instante en que un llanto provino detrás de una de las puertas de la cabaña, y fue Kala, la hembra joven que había perdido a su hijo, la que levantó de su cuna al niño blanco y en su lugar dejó al pequeño mono muerto. Cuando Kala se alejó del temible Kerchak, y le dio de su leche al niño, éste calló, y desde la espesura de la selva volvieron los sonidos de la fauna.

Por su piel blanca, los simios lo llamaron Tarzán.

 

El cine sobre un rey con los pies descalzos

Elmo Lincoln, el primer Tarzán.

Elmo Lincoln, el primer Tarzán.

 

La historia de la aparición del niño blanco en medio de la selva fue bastante tergiversada en el cine. Hubo un caso en que la atribuyeron a la caída de un avión cuando viajaba con sus padres, y él cayó sobre un colchón de hojas y así salvó su vida. Lo mismo sucedió con la muerte de su padre, poniendo a un peligroso felino, en lugar del simio Kerchak, entrando en la cabaña para atacarlo mortalmente. Eso sí, fue la mona Kala, la que salvó al bebe blanco.

Como se describirá más adelante, según la primera novela de Edgar Rice Burroughs, “Tarzán de los monos”, que apareció en la revista pulp “All story magazine”, en 1912, el aristócrata inglés, John Clayton (padre de Tarzán), poseedor del título nobiliario Lord Greystoke, y su joven esposa, fueron abandonados en la costa africana después de un motín en el barco en que viajaban. La primera película sobre el personaje de Tarzán se estrenó en Nueva York en 1918, por supuesto muda, aunque seguramente acompañada por músicos que podían lograr sonidos selváticos y ritmos de acción. “Tarzán de los monos”, fue dirigida por Scott Sidney y se adaptó la primera parte de la novela. El actor Elmo Lincoln es considerado por esta interpretación, el primer actor que hizo de Tarzán, pero creo que corresponde una discusión porque el mérito debe ser compartido, dado que el niño Gordon Griffith, tiene el papel, en ese mismo filme, de Tarzán cuando era chico. Griffith, cuatro años después, iba a interpretar al hijo del rey de la selva en el serial de 15 capítulos “El hijo de Tarzán” (1922). Vale señalar, que Griffith también fue la primera cara cinematográfica de Tom Sawyer.

El actor Elmo Lincoln volvió a ser el hombre mono en “El romance de Tarzán” (1918), continuación de la primera película. Y en 1921 lo volvería a interpretar en un serial de 15 capítulos, titulado “Las aventuras de Tarzán”. La realización de seriales en capítulos tenía sus buenos réditos comerciales durante todo el período mudo. Ese “Continuará…” sobre el final era una garantía para el regreso del espectador. Frank Merril fue Tarzán en los seriales “Tarzán el poderoso”(1928) y “Tarzán the tiger” (1930), ambos de 15 capítulos. Otros tarzanes de la época fueron Gene Pollar y Perce Dempsey Tabler.

 

Y llega Johnny Weissmuller

Johnny Weissmuller y su familia.

Johnny Weissmuller y su familia.

 

Weissmuller, el joven nacido en el Imperio Austro-Húngaro en 1904 que recaló en los Estados Unidos cuando tenía siete años y que causaba admiración cuando nadaba en el Lago Michigan, saltó a la fama por sus logros en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, competencias donde alcanzó cinco medallas de oro en natación. En su extraordinario historial está el haber ganado 52 campeonatos nacionales en los Estados Unidos, y establecer 67 récords mundiales. Weissmuller nunca fue vencido en una competencia. Quien otro podía ser Tarzán.

Weissmuller era Tarzán. Desde que interpretó al personaje en su primera película sonora, “Tarzán de los monos” (1932), actuación elogiada por el mismísimo autor Edgar Rice Burroughs, el enorme Weissmuller, de 1,91 metros de altura, siempre sintió que era Tarzán. Después de interpretar por casi dos décadas al rey de la selva en 12 películas, para los estudios MGM y luego para RKO, no recibió más contratos para hacer este personaje, ya había pasado los 43 años y se necesitaba un Tarzán mucho más joven. El golpe para Weissmuller fue muy grande, pero los estudios Columbia lo pusieron como protagonista para 13 películas de “Jim de la selva”, realizadas entre 1948 y 1954. Luego, en 1955 interpretó los 26 capítulos de la serie para televisión “Jim de la selva”, que tuvo amplia difusión en la Argentina. Aprovechando su gloria, se paseó por el mundo, y en 1976 vino de visita a nuestro país. Por entonces, tenía 72 años, pero afloraba en él una demencia senil que se traslucía en patéticas presentaciones en los sets televisivos, dando aullidos tarzanescos a cada instante. Cuando murió en México en 1984, en su funeral se reprodujo una grabación de su alarido como el rey de la selva.

La compañera de Weissmuller, (Tarzán de los monos- 1932), en el papel de Jane, fue Maureen O´Sullivan, que con el tiempo sería la madre de Mia Farrow. Woody Allen reuniría a madre e hija en “Hannah y sus hermanas”. En 8 de las 12 películas de Weissmuller, aparece Tarzanito o Boy, interpretado por Johnny Sheffield. En la colección de libros Robin Hood, se publicaron historias llamando Bomba a este personaje.

 

Nuevos Tarzanes y en colores

Gordon Scott como Tarzán.

Gordon Scott como Tarzán.

 

Lex Barker con cinco títulos, entre 1949 y 1953 y Gordon Scott, con seis, entre 1955 y 1960, fueron intérpretes de importancia. Barker era un actor consagrado. Pero Scott, además de contar con un físico privilegiado, tuvo la ventaja de que a partir de su segunda película sobre el hombre mono, “La gran aventura de Tarzán” (1959), todas fueran realizadas en color. En este filme, fue acompañado en roles de malditos por Sean Connery y Anthony Quayle. Además, los filmes con Scott tuvieron altos presupuestos de producción.

Sin lugar a dudas, la Jane Parker más bonita y sensual fue la que interpretó Bo Derek, en la versión de “Tarzán de los monos” que dirigió su esposo John Derek en 1981. Miles O´Keeffe tenía el rol de Tarzán y Richard Harris el de James Parker. En TV fue bastante popular la serie Tarzán, interpretada por Ron Ely, entre los años 1966 y 1968, fue una de las más vistas en la Argentina a fines de los 60. Ron Ely, era un Tarzán flaco, alto y canchero, que poco tenía de selvático. Las historias transcurrían en un mundo de jeeps modernos, armas automáticas, y hermosas cazadoras.

“Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos” (1984), dirigida por Hugh Hudson, fue la última de importancia sobre el personaje. Christopher Lambert, en el papel de Tarzán y de John Clayton III, lord Greystoke, al llegar a la civilización. Andie MacDowell, como Jane Porter, acompañados por un elenco de grandes actores: Ralph Richardson, Ian Holm y James Fox, entre otros. El “Tarzán” animado de Disney, de 1999, con música de Phil Collins, fue importante para mantener en el recuerdo uno de los personajes más populares de todos los tiempos.

“La leyenda de Tarzán”, a estrenarse el 21 de julio en la Argentina, con la dirección de David Yates, nos presenta un Tarzán acostumbrado a ser llamado John Clayton, y disfrutar junto a su esposa Jane de una vida de aristócrata en la vieja Inglaterra. Pero una invitación para viajar al Congo, como enviado de comercio del Parlamento, lo moviliza, volver a ver la foresta silvestre y animales salvajes es un buen motivo. Lo que no puede imaginarse es que detrás de esta invitación está la mano del maléfico oficial belga Leon Rom, ansioso de cumplir una venganza.

El sueco Alexander Skarsgard, de 39 años [“Zoolander” (2001 y 2016), “Melancolía”, de Lars von Trier] es el nuevo Tarzán/Greystoke. La australiana Margot Robbie [“El lobo de Wall Street” (2013) y “Suite Francesa” (2014)] en el papel de Jane Porter. El capitán belga León Rom  está interpretado por ese gran actor que es Christoph Walz, quien se lució en dos filmes de Tarantino, haciendo el papel del temible coronel Hans Landa en “Malditos Bastardos”(2009) y el Dr. King Schultz en “Django Desencadenado”(2012). Samuel L. Jackson, quien ha trabajado en una veintena de filmes en los últimos dos años, también ha tenido consagraciones en los filmes de Tarantino, vale recordar “Pulp Fiction”(1994), “Django desencadenado”, donde interpreta al perverso mayordomo negro Stephen, y por último su gran actuación como el mayor Warren en “Los ocho más odiosos” (2015).

En el equipo técnico es de destacar al diseñador de producción Stuart Graig y la de vestuario Ruth Myers. En la fotografía, Henry Braham.

 

Como en Kipling, el colonialismo como parte de la historia

Colonialismo en Africa.

Colonialismo en África.

 

En la primera novela de Burroughs, “Tarzán de los monos” el joven aristócrata inglés, John Clayton, Lord Greystoke, (quién se convertiría en el padre de Tarzán) tenía la misión de investigar la situación de una colonia británica situada en la costa occidental de África. Allí, otra potencia europea reclutaba soldados de color para saquear a tribus de súbditos británicos para esclavizarlos. El marfil, y especialmente el caucho, eran las nuevas piedras preciosas. Edgar Rice Burroghs  se refiere en el libro “a otra potencia europea” como la explotadora y esclavista. Hay que tener en cuenta que en el siglo XIX, varios países del viejo continente se repartieron África como si cortaran una torta. El rey de Bélgica, Leopoldo II, se quedó con la región del Congo, como colonia privada, y se dedicó al tráfico de esclavos, la obtención de diamantes y a la explotación del caucho desde que John Dunlop inventara los neumáticos utilizando ese material. Los belgas llamaron a su monarca “El rey costructor”, porque con los beneficios, producto de tanta sangre, se construyeron monumentales edificios públicos en Amberes, Ostende, y otras ciudades, hoy admirados por un turismo que en su mayoría desconoce su origen. El pensador Bertrand Russell, creador del famoso tribunal internacional contra los crímenes de la humanidad, sentenció que el régimen belga asesinó a 8 millones de nativos, y varios millones quedaron mutilados.

Pero volviendo a la primera novela de Tarzán, John Clayton, y su joven esposa Alice, nunca llegaron a destino. Habían zarpado de Dover en 1888, y después de algunos meses de navegación, un motín a bordo por los maltratos del capitán, terminó con el abandono del joven matrimonio en la costa, con algunos víveres y armas de fuego. Allí, construyeron una cabaña para protegerse de los animales salvajes y en un cuarto de troncos nació el nuevo descendiente de los Greystoke, pero su madre murió cuando el bebé apenas tenía un año de vida. En el momento en que el temible simio Kerchak enmudeciera la foresta, y sigilosamente entró en la cabaña de John Clayton para tomarlo desprevenido, el niño blanco lloró con todas sus fuerzas.

 

Homo sapiens

primeros posters

Para sus compañeros simios, Tarzán era un enclenque. Recién a los 10 años supo trepar a los árboles con ligereza. Él sabía que era diferente, que aún necesitaba la protección de Kala para sobrevivir en la selva hostil. Pero de a poco fue apareciendo su condición de homo sapiens, trenzaba fibras de plantas y armaba lazos para atrapar animales, en una persecución tuvo que arrojarse al agua y aprendió a nadar y se fue perfeccionando, pero su mayor descubrimiento fue cuando encontró un cuchillo. Estaba en una cabaña cercana a la playa (ignorando que fue el hogar de su nacimiento) en su interior dos esqueletos diferentes, nada parecidos a los que conocía, y uno de un mono chico. En el suelo había un cuchillo, al agarrarlo se lastimó la mano. En ese instante, apareció uno de los gorilas más temibles de la región y lo atacó, Tarzán, con solo diez años le clavo el cuchillo en el pecho varias veces hasta matarlo. Cuando Tarzán se repuso de las heridas, le dio un valor supremo al arma que había encontrado, y volvió a la cabaña donde encontró libros con figuras, había monos blancos parecidos a él, pero se tapaban, y se dio cuenta que eran de una raza poderosa, que fabricaban cosas, que no eran monos y Tarzán comenzó a taparse. Dueño de ese cuchillo, ya no tenía miedo a nadie, a los 17 años mató a Tublat, el simio asesino, y puso el pie encima de la víctima y lanzó el grito triunfal que se haría famoso en toda la selva.

Este primer libro de Edgar Rice Burrounghs, dice que Tarzán se había entusiasmado en revisar los volúmenes dispersos en la cabaña, y que muy atento a las letras y dibujos con el tiempo aprendió a leer y a escribir en inglés, pero que no podía hablarlo. También marca la diferenciación del hombre con la bestia, cuando Tarzán mata a un hombre negro, quien de un flechazo había asesinado a Kala. Como era común en los animales, y él lo practicaba, el matador generalmente comía parte de la víctima. Pero en este caso, Tarzán recapacitó porque estaba ante un ser como él, de otro color de piel, pero era un hombre, y dejó su cuerpo para que fuera devorado por otros animales.

Artículo escrito por Jorge Luis Scherer -periodista, profesor de literatura y cine- para Ultracine.

 

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