“La chica del tren”: misterio con aroma de mujer

El thriller protagonizado por Emily Blunt llega a salas argentinas el 17 de noviembre.

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Basada en el best seller de Paula Hawkins se estrena en los cines argentinos, y apenas unas semanas después de su estreno mundial, “La chica del tren” dirigida por Tate Taylor y protagonizada por Emily Blunt. Un thriller doméstico (domestic thriller) en el que una mujer con lagunas cognitivas es sospechada de haber cometido un crimen. En el medio las infidelidades y una nueva forma de voyeurismo (el de facebook) se dan cita en un film que algunos relacionan con “Perdida” de David Fincher.

Paula Hawkins no se imaginaba que su novela “La Chica del tren” iba a ser comprada por una editorial antes de que estuviera terminada, ni que inmediatamente la editorial iba a negociar con Dreamworks para obtener los derechos para llevarla a la pantalla grande y que ya película sería distribuida por Universal Pictures. Lo cierto es que esta mujer inglesa de apenas cuarenta y tantos años, y con un discreto curriculum como periodista, es hoy una de las escritoras más ricas del Planeta a la par de J.K. Rowling, autora del otro mega éxito Harry Potter.

¿Qué hizo que su novela vendiera 3 millones de ejemplares apenas lanzada al mercado? Un tipo de descripción que algunos comparan con la de Patricia Highsmith, con una mezcla de E.L. James, la autora de las “50 sombras de Grey”, porque se concentra en el aspecto sexual y en como este puede ser el disparador de distintas situaciones de dominación y de abuso de poder del hombre sobre la mujer.

En la trama de la película tres mujeres: Rachael, Anna y Megan (Emily Blunt, Rebecca Fergurson y Haley Bennet) verán sus vidas entrecruzadas hasta que una de ellas, Megan, desaparece. A partir de allí el thriller doméstico toma tintes de policial con un sorprendente final. El relato va alternando el punto de vista entre las tres, pero quien tiene la voz cantante, por decirlo de alguna manera, es la débil Rachel que será finalmente una pieza clave en esta historia coral que va de un tiempo a otro y que en su desenlace acomoda todas las piezas del rompecabezas.

No es solo la desaparición de Megan el conflicto, sino lo fidedigno de la información que se nos va suministrando. En este sentido, el personaje de Rachael funciona, en primera instancia, como una narradora poco confiable porque la información que brinda al espectador es elíptica y errática. Rachael, de alguna manera, le debe más a las heroínas del cine europeo de fines de los años ‘70 (por ejemplo a las mujeres perdidas de Antonioni) que a la típica heroína del Hollywood que con su fuerza y voluntad puede sobreponerse a los distintos obstáculos que debe afrontar. De hecho, nuestra protagonista apenas puede con su vida.

Emily Blunt logra componer una mujer frágil, asustada incluso de sí misma (tiene un pasado de abuso emocional) y olvidadiza. De hecho, ha suprimido parte de su pasado para a partir de allí construirse un relato de una vida ideal. Es este relato construido, lo que hace que crea que su pasado fue mejor y lo que la lleva a espiar desde el tren la nueva vida que su ex esposo tiene con Anna. Los nuevos medios de interacción, como el facebook, no la ayudan para nada a sobrellevar su duelo, más bien lo contrario: le incrementan sus celos y la llevan a cometer acciones nocivas para ella y su entorno. Ella, y de acuerdo a las “leyes” del género, funciona como la amenaza al matrimonio feliz y la posible “esposa homicida”.

Haley Bennet y Luke Evans.

Haley Bennet y Luke Evans.

Pero, y a diferencia de “Perdida” (con la que Hawkins ha dicho que no siente ninguna relación) lo que empieza como un thriller de la esposa homicida muta en otro film (no spoilearemos) y le da a Rachael una oportunidad de resurgir, de sobreponerse a su pasado y a su adicción al alcohol. En este punto es también una película de segundas oportunidades. Más allá de la resolución final, lo interesante de este complejo entramado es que evidencia que eso que vemos, desde facebook o desde el tren, es en realidad parte de nuestro imaginario, como este suburbio de casas monumentales y grandes jardines que de lejos parece perfecto, con sus matrimonios felices, y que de cerca puede revelarse como todo lo contrario.

En “La Chica del tren” se sugiere cierto paternalismo escondido, o subyacente, detrás de cada matrimonio donde el sexo y la predisposición a este por parte de la mujer hacia el hombre es lo que determina el éxito o fracaso de la relación. El director del film, Tate Taylor, ya tenía experiencia en contar historias protagonizadas por mujeres abusadas como lo demostró en “Historias Cruzadas” (The Help) donde daba cuenta de los abusos cometidos en el Sur de Estados Unidos contra las ama de llaves de color.

Hay que decir que en la película el sujeto masculino no muestra muchas cualidades: ni el esposo de Rachael, ni el de Megan, ni el psicoanalista que cruza los límites profesionales, ni siquiera el hombre del bar y del tren que en un intento de tranquilar a Rachael la confunde aún más con una misteriosa confesión. En cambio, Anna que en algún momento también es sospechada de haber cometido un crimen, e incluso mostrada como un complemento psicopático, termina contribuyendo a la verdad.

Esta mirada un tanto sesgada es la que quizás puede no conformar a algunos. Pero esto es lo que hace a este thriller doméstico: contemporáneo y con tintes de denuncia de violencia de género. En este sentido, es distinto a otros thrillers del pasado como “La mano que mece la cuna” o la misma “Atracción Fatal” donde la mujer rubia, bella y atractiva mutaba en un monstruo que no solo amenazaba a la perfecta familia norteamericana sino que no tenía prurito en destruir a la esposa de la familia. Aquí, por el contrario, la bella niñera rubia (una despampanante Haley Bennet que se confunde por momentos con Jeniffer Lawrence) es la que desaparece en el film y sobre la cual se entreteje el misterio.

Como suele suceder en este tipo de películas, los finales no suelen estar a la altura de las circunstancias. Generalmente, son un tanto abruptos y menos sutiles que lo articulado con anterioridad. Aún así, la película cumple con mantener el hilo del misterio durante todo el metraje construyendo un mundo frágil y articulado por distintos relatos y narradores que pueden, o no, ser verdaderos o falsos. Lo interesante del caso es que todos estos narradores son mujeres, una variedad dentro de Hollywood donde generalmente son los hombres los que tienen voz cantante.

“La chica del tren”, que arrancó en el primer puesto en su primer fin de semana de exhibición en Estados Unidos, se estrena este jueves en toda la Argentina.

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