Ingmar Bergman Ante el Silencio de Dios

Por Jorge Luis Scherer

La Muerte

La Muerte

Cuando huye el día y Persona, dos de las obras más significativas del autor sueco, serán repuestas – a partir de mediados de julio- en salas comerciales y en copias de excelente calidad técnica. Esta plausible iniciativa de la distribuidora independiente Mirada,, tendrá como broche final el estreno, en septiembre, del aclamado documental Liv & Ingmar, realizado en 2012 por Dheeraj Akulkar, y en el cual la actriz y directora de cine y teatro Liv Ullmann cuenta sobre su extensa relación profesional con Bergman, y sobre sus años como pareja del cineasta. El documental, contiene una precisa selección de escenas de varios filmes de Bergman.

Bergman, fue uno de esos pocos artistas que con sus ficciones entró sin pausas en las zonas profundas de las sombras del alma, tanto en la vigilia o en el sueño de sus personajes. Tal vez, él mismo, arrastrado por esa modesta eternidad de la noche, se habrá preguntado como el poeta : ¿ He soñado mi vida o fue realidad?. Pero a diferencia del poeta que busca la estética onírica, Bergman, solamente quería oír la voz de Dios, pero Dios insistió en permanecer callado. Y como el sacerdote de Los Comulgantes, que trata de comprender que el sufrimiento es parte de los designios de Dios, hace decir, sus más honestas convicciones, a otro sacerdote, en El huevo de la serpiente: «Vivimos muy lejos de Dios, tan lejos, que sin duda no nos oye cuando le imploramos en nuestras oraciones. Por lo tanto, debemos ayudarnos los unos a los otros, debemos ofrecernos la comprensión y el perdón que un Dios remoto nos niega».

El demonio era nombrado cotidianamente en su casa, su padre, un severo pastor luterano, se enfrentaba a los pecados como un cruzado. Y el pequeño Ingmar, además de comprender muy tempranamente sobre la vida y la muerte, porque en la vicaría se celebraban nacimientos y funerales, conoció el miedo y también el peso de la culpabilidad. Al igual que al niño Alfred Hitchcock- su padre lo hizo encerrar por unas horas en una celda en complicidad con el comisario, para que escarmentara por sus travesuras- Ingmar, fue encerrado en un armario del que se decía que habitaba una bestia que le comería los dedos de los pies. Esa niñez que en sus fantasías aseveraba que los muebles pesados en la casa de su abuela hablaban unos con otros, pero en la que también era testigo oculto de una conversación entre su abuela y su padre «y de repente mi abuela empezó a hablar en un tono que yo nunca le había oído». Fanny y Alexander (1982), es tanto una dramatización real y ficticia de la infancia espiritual de Begman. El ritual del castigo se da con suma naturalidad en ese universo del niño Alexander, de 10 años, pero paralelamente se desarrolla en el niño el mundo de lo fantástico: la linterna mágica y el teatro de marionetas, tal vez hayan sido los instrumentos que el Dios callado puso en sus manos. Y en esos escenarios introdujo el alma humana, con sus desesperanzas, angustias, dudas, y el conocimiento de que todo es nada. En El Séptimo Sello (1956), su primera obra maestra, hay permanentemente una búsqueda al significado de la existencia. Cuando el caballero Antonius Block, regresa de una de las cruzadas se encuentra con la viciada atmósfera medieval causada por la peste bubónica, conocida como la peste negra. Al encuentro de Block, va la Muerte, que al darse a conocer le dice que ha estado caminando a su lado por mucho tiempo. El caballero necesita tiempo, y entrarán a jugar una partida de ajedrez, en el que la Muerte le dará jaque mate. Y Bergman indaga y se responde.

Caballero: Quiero conocimiento, no quiero fe ni suposiciones, sino conocimiento. Quiero que Dios estire su mano hacia mí, se me revele y me hable.
La Muerte: Pero permanece en silencio.
Caballero: Lo llamo en las tinieblas pero parece que no hubiera nadie allí.
La Muerte: Quizá no haya nadie.
Caballero: Entonces la vida es un horror atroz. Nadie puede vivir frente a la muerte, sabiendo que todo es nada.

Filmando cuando huye el día

Filmando cuando huye el día

LA VUELTA AL HOGAR DEL PROFESOR ISAK BORG

Cuando huye el día (1957), conocida también como Fresas Salvajes, es una película grandiosa, pocas veces el cine en toda su historia ha tocado un tema de semejante profundidad espiritual con tanta sencillez. El protagonista es Isak Borg, un prestigioso profesor en medicina de 78 años, interpretado por Víctor Sjostrom, esa leyenda de la actuación y la dirección teatral y cinematográfica de Suecia. Cuando se realizó el filme, Sjostrom tenía la misma edad del personaje, murió tres años después en 1960. Resulta significativo que Bergman,  que no había llegado a los 40 años de edad cuando realizó este film, haya tenido una visión humanística y filosófica de extraordinaria profundidad, sobre un hombre  que en su vejez trata de unir su pasado y el presente para cerrar su ciclo en la vida. Temas siempre difíciles de tratar, vale recordar a  Luchino Visconti, quien adaptando las novelas de Thomas Mann y Lampedusa, creo dos grandes trabajos de composición de personajes en Muerte en Venecia y El Gatopardo.

Pero volviendo a la historia de Cuando huye el día, nos encontramos con la vida solitaria del viejo profesor Borg, viudo hace muchos años. Sin embargo, la Universidad de la ciudad de Lund no lo ha olvidado y le harán entrega de un título honorario. La noche previa al viaje, Isak Borg tiene un sueño que se convierte en pesadilla. Mediante imágenes contrastadas al mejor estilo expresionista, por ese gran fotógrafo, Gunnar Fischer, que trabajó para Bergman en toda la primera época de su cinematografía, el profesor  se ve caminando por una calle angosta y desolada, luego un carro fúnebre, sin cochero, embiste contra un poste de alumbrado y pierde una rueda – aquí nos encontramos con un homenaje de Bergman a su película preferida : El carruaje fantasma (1921) de Víctor Sjostrom, nada es casual.  El cajón del muerto ha caído al medio de la calle y la tapa está abierta. El profesor se acerca, una mano lo atrapa con fuerza y lo tira hacia el interior del cajón, entonces se ven cara a cara, y el viejo descubre que el muerto es él mismo.

A la mañana, el profesor tiene decidido que no viajará a Lund en avión, lo hará en su auto aunque tenga que conducir durante 14 horas.

Sabe que para llegar a destino deberá pasar por todos los lugares donde vivió su niñez y adolescencia. Su nuera Marianne,(Ingrid Thulin) quien se encuentra en casa del profesor, lo va a acompañar en el viaje. Marianne, está embarazada y quiere tener al niño, pero su esposo, que es un profundo pesimista, le ha dicho que no quiere traer otra víctima a este mundo absurdo. El profesor, aparentemente indiferente, recibe de Marianne críticas a su personalidad egocéntrica y egoísta, y le dice que con sus buenos modales tapa todo, como si tuviera una máscara. Cuando en un momento del trayecto se detienen para visitar a la madre de Isak, Marianne ve en la frialdad de la anciana, llena de nietos que no la visitan y bisnietos que no conoce, a esa herencia del desamor.

EL VIAJE DE ISAK BORG, ES UNA TRAYECTORIA SIMBÓLICA POR TODA SU VIDA

En uno de los parajes, dos muchachos y una hermosa joven (Bibi Andersson), se suman al viaje. Ella se llama Sara, tiene el mismo nombre y es casi idéntica a esa prima que el viejo amó durante la adolescencia, y que perdió cuando se casó con otro. Luego, visita la casa donde la familia pasaba las vacaciones, aún estaban las fresas salvajes que Sara colocaba en una canasta en aquellos veranos felices.

La reminiscencia de Isak es vívida y sentida, es protagonista y espectador. Marianne, comienza a ver en su suegro a un ser humano espiritual, del momento que Isak se descubre a sí mismo y comprende que el amor es la única salvación.

A la noche, después de recibir el premio «honoris causa», el profesor Borg tiene un sueño plácido con sus padres a orillas de un río. El rostro del viejo profesor trasciende la pantalla. Esa fue la última imagen de Victor Sjostrom en el cine.

Tuvieron que pasar varios años para que Bergman volviera a ver esta película, por la que se había convencido que era más de Sjostrom que de él. La volvió a ver en su microcine de Faro, su hogar en la isla de Gotland, y dijo: «Me quedé impresionado del rostro de Víctor Sjostrom, sus ojos, la boca, la delicada nuca con su pelo fino, la voz vacilante, indagadora».

Ingmar Bergman, cuando estaba realizando esta película no tenía comunicación con su padre, en algún sentido su personaje de Isak Borg se parecía a su progenitor, pero el vacío, la falta de comprensión y de perdón parecían temas irreversibles entre padre e hijo. Su arte lo había convertido en un hombre exitoso, pero su interior golpeado continuaba viviendo en su infancia, en el sueño, y cada tanto hacía visitas a la realidad. Dios seguía en silencio.

Persona

Persona

EL SILENCIO EJERCE SU DOMINIO

«Persona, me salvó la vida, fui muy feliz haciendo esta película en la que he llegado al límite de mis posibilidades, como luego sucedería con Gritos y Susurros». Esa felicidad de la que habla Bergman, tuvo mucho que ver con esa pasión que vivió con Liv Ullmann, que comenzó en el rodaje del filme, en la isla de Faro , rodeada por el Mar Báltico y de la que luego diría: «una grandiosa equivocación».

Persona (1966), es, sin lugar a dudas, una de las películas más importantes en la historia del cine. Es casi imposible hacer una sinopsis objetiva de su historia, porque Bergman se introduce en el vacío existencial, la terrible angustia de sus personajes, y no separa las escenas reales de las oníricas, le da el mismo tratamiento fotográfico, todo parece real.

Junto a Sven Nykvist, uno de los grandes iluminadores de todos los tiempos, que acompañó a Bergman en el segundo tramo de su carrera, consiguió explorar el interior de sus personajes a través del rostro. Persona, está planeada con minuciosidad en cada uno de sus planos, la forma en que la actriz muda se va adueñando de la personalidad de la enfermera se sintetiza en la imagen de dejar una mitad del rostro en la oscuridad que luego se funde en el otro.

Para la ensayista Susan Sontag, hay un componente erótico latente en esta historia, se da «una poderosa, aunque muy inhibida relación sexual». ¿ Por qué la actriz un día decidió no hablar, permanecer callada?. Bergman ,vuelve sobre un tema que siempre lo obsesionó : el aislamiento de un mundo en continua agresión. El profesor Isak Borg, de Cuando huye el día, también se había refugiado en el silencio de la soledad, hasta que la proximidad de la muerte lo despertó. Veamos algo de la historia: Elizabeth Vogler (Liv Ullmann) es una actriz joven, hermosa, pero durante una representación de Electra, enmudece. Comienza un tratamiento psiquiátrico, las pruebas afirman que está sana, pero la actriz sigue sin hablar. Alma (Bibi Andersson), es la enfermera designada para su cuidado. Al no haber progresos, la doctora decide trasladar a la paciente y la enfermera a una casita de verano a orillas de mar. Alma nunca deja de hablarle, hasta le cuenta sus pecados sexuales. Una noche, Alma ve que Elizabeth se mete en su cama, pero por la mañana Elizabeth lo niega. A la casita llega de visita el esposo de Elizabeth, que confundiendo a su esposa con Alma hacen el amor. Con el tiempo hay un intercambio de papeles, Alma habla como lo haría Elizabeth. Los roles se invierten. La actriz en su silencio se va adueñando de la personalidad de la enfermera, quizá son las dos mitades de una misma personalidad.

Persona, significó el comienzo de una nueva etapa creativa en la carrera de Bergman. Y el silencio de Dios se hizo oír con más fuerza.

Liv y Ingmar

Liv y Ingmar

ENTRE LA CRUELDAD Y UN OSITO DE FELPA

Liv Ullmann, tiene mojados sus profundos ojos azules, el primer plano, que toma también sus rosadas mejillas, nos hace descansar como la vista de un paisaje marino. Está muy emocionada, en el cuello de un osito de felpa que conservaba Ingmar Bergman, encontró doblada , como por manos adolescentes, una nota con palabras de amor que Liv le escribió a su maestro Ingmar, hacia muchos, muchos años. Recuerdos de más de 50 años. Cuando se conocieron en la costa noruega, ella tenía 25 y el iba por los 47. Se la llevó a Suecia y la puso como protagonista de Persona, junto a Bibi Andersson. Filmaban en la isla de Faro, ambos eran casados pero estaban necesitados de amor, y se propusieron atreverse a vivir la vida. Bergman sintió que ahí en Faro debía construir su casa, Ullmann sintió que estaba participando del sueño de alguien que admiraba.

Liv & Ingmar, es un documental emocionante, por momentos desgarrador, narrado por esta mujer que durante 50 años, muy cerca o alejada físicamente, compartió la vida con un genio que frecuentemente entraba en los infiernos. El verano en que filmaron Persona fue el más feliz en la vida de Liv, pero con el tiempo llegó la soledad, el abismo del más puro silencio. Bergman se encerraba con su música y trabajaba en sus obras. La casa de Faro se fue convirtiendo en una prisión para Liv. El genio estaba enfermo de celos y construyó un muro de piedras alrededor del predio y no quería visitas. Liv , empezó a conocer a un hombre violento, el nacimiento de su hija alivió su vida, «Fue muy cruel conmigo», confiesa ante la cámara. La admiración desapareció y solamente veía a un hombre egoísta y vanidoso. Fueron años difíciles, ella sentía alivio cuando filmaban una película y podía hablar y reír con otras gentes. Un día la ruptura tuvo que suceder, y ella se marchó a su Noruega.

Las vidas continuaron, y cinco años después Liv volvió a Faro, y a partir del reencuentro se convirtieron en grandes amigos. Una amistad en la que no hubo reproches. «Me sentí orgullosa cuando me dijo que yo era su Stradivarius».

Este fantástico documental, combina la narración de Ullmann con paneos de fotos, cartas y escenas de sus interpretaciones en películas de Bergman, donde los diálogos parecen ser tomados de la dramática realidad que vivió con el cineasta. Hay fragmentos de Escenas de una vida conyugal, Vergüenza, La pasión de Ana, La hora del lobo, Persona, Sonata Otoñal y Saraband, que fue su último trabajo en la dirección. En este último filme, su gran amigo, el actor Erland Josephson, interpreta a ese Bergman viejo, que recibe en su casa la visita de un antiguo e inolvidable amor, Liv.

«Cuando Ingmar estaba muriendo fui a verlo, él no podía hablar, pero sentí que me preguntaba ¿por qué has venido? Le conteste con una frase de Saraband: vine porque me has llamado».

Artículo realizado por Jorge Luis Scherer para Ultracine.

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