El Waterloo de Kubrick

Por Jorge Luis Scherer

Cuando murió Franklin D. Roosevelt, llevaba doce años –sin interrupciones- como presidente. Era una tarde de abril. Todos los medios periodísticos salieron corriendo para fotografiar las honras fúnebres, parientes y funcionarios allegados. Stanley Kubrick, un muchachito del Bronx, de sólo 17 años, salió con la cámara que le había regalado su padre y retrató a un diariero con el rostro compungido, dentro de su quiosco, rodeado de periódicos que con letras catástro anunciaban la muerte del creador del New Deal.

Un vendedor de periódicos afectado por una noticia, daba originalidad (en el imaginario popular parece que los periodistas y los diarieros no se quiebran ante los hechos públicos). El joven Stanley vendió el original del negativo a la revista Look, y fue su entrada al profesionalismo de la fotografía. Por aquellos tiempos era muy delgado y largo, y tenía un rostro aniñado como el de Julio Cortazar, ese aspecto lo semejaba más a un turista que a un verdadero profesional en este arte, por eso, como él lo sabía, llevaba su cámara envuelta en una bolsa de papel.

Durante esa adolescencia, después de leer y analizar los conceptos de “La técnica del film” de Pudovkin, y de concurrir varias veces a la semana, y por varios meses, a las exhibiciones de cine clásico en el Museo de Arte Moderno, se auto-convenció que lo suyo era la imagen en movimiento.

A partir de 1953, año en que realizó su primer largometraje, después de dos cortos en 1951, su carrera tuvo muchos momentos brillantes y algunos pocos desaciertos, pero su gran combate y su gran derrota lo sufrió cuando encaró su proyecto más ambicioso. En él había trabajado en forma obsesiva. El personaje era alguien por el que sentía una profunda admiración y del que se encontraba con muchas cercanías: Napoleón Bonaparte. Una película que al cabo de cuatro años de estudio minucioso, estaba completa en su cabeza, secuencia por secuencia, pero fue un filme que nunca se pudo hacer. Pocos años después de la muerte de Stanley Kubrick, su familia permitió que la editorial Taschen publicara un libro de 1112 páginas, donde están los cuatro años (1967 a 1971), que el cineasta dedicó a este amado proyecto. El libro se tituló: “Stanley Kubrick·s Napoleón: The Greatest Movie Never Made”.

¿Pero cuáles fueron los motivos para que Kubrick no pudiera llevar a cabo semejante proyecto?. Obviamente, cuando se trata de grandes presupuestos de producción, los estudios cinematográficos tiemblan en sus cimientos más íntimos. La historia está llena de películas costosísimas que han hecho caer a grandes compañías, después de sus fracasos en las boleterías. Kubrick, había pensado en un presupuesto total de 5 millones de dólares (hoy estaríamos hablando de bastante más de los 100 millones).

La Metro Goldwyn Mayer, lentamente se fue apartando del proyecto; Artistas Unidos, lo hizo a continuación. El golpe de gracia lo dio el estreno de “Waterloo”, la película dirigida por alguién que conocía muy bien el manejo de masas en campos abiertos, los combates de caballería e infantería, y de las posiciones de la artillería en los encuadres. Este era el soviético Serguei Bondarchuk, el cineasta que había llevado al cine la gran novela de León Tolstoi “La Guerra y la Paz” (1968), y por la cual se había alzado con grandes premios en el mundo, entre ellos el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa. Recordemos, que en La Guerra y la Paz, Bondarchuk utilizó 120 mil hombres para recrear la Batalla de Borodino, que fue la más grande jamás filmada.

Pero Waterloo, de Bondarchuk, fracasó, y los posibles inversionistas de Kubrick entraron en pánico.¿ Qué había pasado con Waterloo?.La producción tenía a un un experto como Dino de Laurentis, el director había obtenido fama internacional, Rod Steiger en el papel de Napoleón no desentonaba para nada , el resto del elenco era notable: Christopher Plummer, Orson Welles, Jack Hawkins. La música de un maestro como Nino Rota. ¿ Era Napoleón el que no interesaba?. Ya habían pasado muchos años desde aquella popular película en que Marlon Brando , mediante miradas penetrantes y el mechón caído sobre la frente, había conquistado al público femenino, en su caracterización del emperador, enamorado de una hermosa joven de nombre Desirée, papel interpretado por Jean Simmons.

Desirée (1954), se estrenó el mismo año que Nido de Ratas y El Salvaje, la consagración de Brando ya era definitiva.

El Waterloo de Bondarchuk, fue también un Waterloo para Kubrick.

El norteamericano había reunido un archivo de 17 mil imágenes en su casa inglesa de St. Albans, había leído prácticamente toda la bibliografía existente sobre Napoleón, incluso libros muy específicos sobre sus estrategias en las batallas, editados por las bibliotecas de los círculos militares de varios países. También recorrió museos para ver pinturas y esculturas con su figura, leer cartas personales y públicas, actas de gobierno, y demás documentos históricos.

Recorrió las posibles locaciones para el rodaje, en Francia, Rumania e Inglaterra. Incluso ya tenía un preacuerdo con el ejército rumano para alquilar 40 mil soldados de caballería y 10 mil de infantería. Para el vestuario ya tenía al consagrado David Walker y en la dirección fotográfica había elegido a John Alcott , quién ganaría posteriormente el Oscar en ese rubro con Barry Lyndon. Napoleón sería David Hemmings, pero la Josefina (esposa de Napoleón) rol que tenía pensado en Audrey Hepburn, se le cayó cuando la actriz rechazó la oferta.

Kubrick, quién se había convertido en un verdadero experto en Napoleón, veía como vital el rol de Josefina en la película.”Su vida hubiera sido diferente si Josefina, su gran amor, no lo hubiera decepcionado”, había afirmado. Dicen que su devoción por el gran corso, lo llevó hasta comer el postre a mitad de los platos, como era práctica del emperador. Tanto había aprendido Kubrick sobre la vida de Napoleón, que solía tener largas discusiones con Félix Markham, un conocido historiador contratado como asesor.

Entre los temas estaba la posición de Kubrick sobre las herraduras equivocadas usadas por el ejército en la invasión a Rusia, una de las claves de la derrota de los franceses.
Kubrick pensó que el rodaje sería de unos 150 días. Había calculado un pago de dos dólares diarios a cada uno de los 50 mil soldados contratados, y de un millar de camiones para el traslado. El vestuario era otro de los inconvenientes por los altos costos, pero en Nueva York consiguió que una empresa le fabricara los uniformes de papel cartón, que a una distancia de 30 metros ya lucían impecables.

Este extraordinario jugador de ajedrez que era Kubrick,- Napoleón también lo era- no dejaba que sus piezas fueran encerradas, continuamente propone nuevos elementos técnicos y artísticos a los grandes estudios y demás inversionistas. Para interpretar a Talleyrand, el ministro de relaciones exteriores de Napoleón, y a Fouché, su temible jefe de policía y espionaje (ver la extraordinaria biografía escrita por Stefan Zweig), piensa en los actores ingleses Paul Scofield, Laurence Olivier, Alec Guiness y Robert Shaw. Uno de sus últimos intentos fue pensar en Jack Nicholson como Napoleón.

Es cierto que los grandes Studios, siempre le temieron a los directores que se manejaban con total independencia. Orson Welles, fue uno de los castigados por su rebeldía y su afán de controlar todo (desde el guión, hasta el montaje y el corte final). Kubrick era igual, en la única película que no tuvo el control total fue en Espartaco (1960), allí llegó después que la Universal desplazara, durante la primera semana de filmación, al director Anthony Mann. Kirk Douglas, que además de ser el actor principal, era el productor ejecutivo, le dio la posibilidad a Kubrick de corregir varios elementos del filme, como ser el guión de Dalton Trumbo, que para el nuevo director significaba una calamidad.

Espartaco, fue una gran experiencia para Kubrick: 167 días de rodaje, un presupuesto de 12 millones de dólares, filmación de escenas bélicas con más de 8 mil soldados españoles que trabajaron como extras. Un elenco con grandes figuras internacionales: Laurence Olivier, Charles Laughton, Peter Ustinov, Kirk Douglas y Jean Simmons.

Tampoco convenció a esos grandes Studios que Kubrick se embarcara durante tres años, en un proyecto novedoso como fue “2001: La Odisea del Espacio”(1968). Arthur C. Clarke, el autor del libro y uno de los padres de la novelística de ciencia ficción, trabajó por varios meses junto a Kubrick en este filme de gran fuerza visual. “Quise que el filme fuese una experiencia intensamente subjetiva que llegue al espectador en el nivel interior de la conciencia como lo hace la música…”, dijo el realizador.

En medio del estudio de Napoleón, Kubrick estrenó 2001… y filmó durante los últimos meses de 1970 y los primeros de 1971 La Naranja Mecánica , basada en la novela del británico Anthony Burguess, quién fue bastante crítico sobre la adaptación de su obra.

Pero el esfuerzo que significó la preparación de Napoleón, no fue en vano. Stanley Kubrick, aprovechó muchos de sus estudios para situar su próximo filme: Barry Lyndon, una verdadera obra maestra ,basada en una novela menor del escritor satírico británico William Makepeace Thackeray, autor de la magnífica “La feria de las Vanidades”. Barry Lyndon , tiene un trabajo estético alucinante, los decorados naturales elegidos están inspirados fundamentalmente en la pintura neoclásica ,siglo XVIII, de los paisajistas y retratistas John Constable , Thomas Gainsborough y Joshua Reynolds, entre otros. La fascinante fotografía fue de John Alcott, hombre del equipo Kubrick, elegido para Napoleón.

Seguramente, el cine continuará recreando la vida de este emperador de Francia que conquistó medio mundo. Por ahora, el Napoleón (1927) de Abel Gance, es el que más merece la mayor admiración a pesar de los años transcurridos.

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