El dulce encanto de la sensualidad

Por Jorge Luis Scherer

Es sabido, que las formas cinematográficas  pueden fascinar a los espectadores como las serpientes a sus presas, pero cuando están al servicio de la sensualidad van más allá, son capaces de crear una atmósfera tan mágica que levanta los pies del suelo, y los deja levitando hasta el The End.  Quién podía dudar de la belleza de Kim Novak en los años 50, como de tantas otras rubias de entonces, pero en “Vértigo” (1958), Hitchcock hizo que la sensualidad se apoderara del film como si fuera una niebla, y la blonda Kim transitó esa gran historia de misterios entre esa niebla prodigiosa. La forma narrativa y estilística puso todos sus elementos para el esplendor de la sensualidad: encuadres, manejo de espacios y tiempos, movimientos de cámara, el color, los decorados, el vestuario, las locaciones, y como una de las piezas fundamentales, la música envolvente de Bernard Herrmann.  Basta ver la secuencia, que no llega a los dos minutos de duración, que Alfred Hitchcock concibió en un restaurante para que el policía retirado  Scottie (James Stewart), conociera de vista a Madeleine (Novak), a pedido de su esposo, para comprobar lo esencial en el manejo de las formas. Scottie, sólo tenía que verla con disimulo, porque el encargo era seguirla como si fuera su sombra. Desde la barra, Scottie,  observa su cabello recogido, platinado, y su espalda cubierta en parte por un chal verde esmeralda. Cuando el matrimonio se levanta y pasan por la barra, yendo hacia la salida, la música entra en un crescendo y se suceden diferentes planos,  ella se detiene un instante, Scottie observa su hermoso perfil, están muy cerca uno  del otro, y el espectador siente esa proximidad cargada de sensualidad. Hasta se puede percibir la frescura de la piel y la fragancia del perfume en la bella Madeleine.

La sensualidad es un arte que se expresa a través de los sentidos, y no sólo es  corporal, también incluye lo espiritual. Sobre fines del período mudo, el realizador checo-austríaco G. W. Pabst, recurrió a la hermosísima norteamericana Louise Brooks, para llevar al cine un texto original de Frank Wedekind. “La caja de Pandora”(1929). Brooks,  interpreta allí a Lulu, una mujer de incontenible sensualidad, que, sin quererlo, siembra la desdicha a su paso. Su piel tersa y su mirada excitante, sedujeron a millones de espectadores, tal vez ni la Garbo o Dietrich habían logrado semejante fascinación hasta entonces. Greta Garbo, tendría que esperar hasta “La dama de las Camelias”(1937), de George Cukor, para que su Margarita Gauthier luciera con un halo de extraordinaria sensualidad. Y Marlene Dietrich, la que quería esconder sus brazos gruesos ante la cámara de su hacedor, Joseph von Sternberg, durante la filmación en Alemania  de “El Angel Azul”(1930), tuvo una seguidilla de películas, en los años 30, como mujer irresistible y  fatal , realizadas en Hollywood por su querido Sternberg.

 

LOS HOMBRES LAS PREFIEREN RUBIAS, MOROCHAS Y PELIRROJAS.

 El Código Hays, que se extendió en Estados Unidos  desde 1934 a 1967,  imponía sus represivas reglamentaciones, que iban  desde las duraciones de los besos hasta las formas y medidas de los escotes, pero siempre tuvo que vérselas con mujeres provistas de naturalezas sensuales y eróticas. Basta pensar en las “femme fatales” del “film noir” de los años 40, que además de irradiar sus encantos para la seducción, eran mujeres ambiciosas, corruptas y mentirosas. Lana Turner, hasta en películas de espadachines despertaba el erotismo, y para mí es inolvidable Jane Greer en “Retorno al Pasado”(1947) de Jacques Tourneur, la misma sensualidad que cautivó a Robert Mitchum traspasó la pantalla. Bárbara Stanwyck, quien demostraba que sensualidad no es sinónimo de belleza, en “Pacto de Sangre”(1944) de Billy Wilder, se convierte en un arma de seducción para su propósito criminal. En 1946, una morocha y una pelirroja conquistan Hollywood, y se convierten en las mujeres más codiciadas. Ava Gardner en “Los Asesinos” de Robert Siodmak, le hace perder la cabeza a Burt Lancaster, y Rita Hayworth en “Gilda”, enloquece a Glenn Ford. Pero uno de los casos más interesantes es el de Jane Russell y el film “The Outlaw”, conocido en la Argentina como “El Proscripto”. Jane, debutó en esta película de la mano del multimillonario Howard Hughes, quien desafió sin miramientos al Código Hays, como productor y director del filme. Tanto es así, que a la semana del estreno en 1943, después de algunas batallas con la censura, el propio Hays la retiro de las carteleras ante las prohibiciones que comenzaban a darse en algunos estados. El tema en cuestión era la exhibición parcializada de los abultados pechos de Jane Russell, producto de atrevidos escotes. Hughs, esperó hasta 1946 para su reestreno y volvió con una campaña publicitaria extraordinaria, exhibiendo en carteles de la vía pública a Jane Russell con esas blusas livianas y algo desgarradas, y escotes más provocadores, acompañada de la leyenda: “Secuestrada de la pantalla durante tres años ¡ Al fin llega!”. Aunque la película era muy mediocre, hizo muchos dólares y Jane Russell se convirtió en un sex symbol. Una década después era la figura, junto a Marilyn Monroe, del mejor de sus filmes, “Los caballeros las prefieren rubias, dirigida por Howards Hawks, un hombre que estuvo obsesionado por sus pechos.

MARILYN, ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO.

En una mañana de agosto de 1962 fue encontrado, en su casa de Beverly Hills, el cadáver de una de las mujeres más hermosas que hayan existido. Al entierro sólo asistieron 15 personas. Un diario de la Unión Soviética dijo: “Hollywood le dio vida y le causó la muerte”, El Observatorio Romano, sentenció que “Hollywood la convirtió en un falso símbolo sexual”. Marylin Monroe, el mito erótico, la estrella infeliz, la impetuosa que al decir de Norman Mailer “pertenecía a todos los hombres”, fue víctima de la decadencia de un sistema que vendía cuerpos y almas.

John Huston, fue el primero en darle un papel a su medida -aunque menor –  donde iba a brillar su sensualidad al interpretar a la amante de un hombre maduro y adinerado en “Mientras la ciudad duerme”(1950). Bajo la dirección de Otto Preminger se luciría en “Almas Perdidas”( 1954), donde también canta el tema principal The River of no return. Con Billy Wilder es protagonista en “La comezón del séptimo año” (1955), donde en una de sus escenas, filmada en plena calle, aparece con un vestido blanco, sin espalda y plisado, y se para sobre una alcantarilla del que un ventilador  va a levantarle las faldas. La escena es una de las más reconocidas en la historia del cine, y fue copiada hasta el hartazgo en el mundo publicitario. Fue el amor de Laurence Olivier en “El Príncipe y la Corista” (1957), y ratificó  sus dotes para la comedia en “Una Eva y dos Adanes”, otra vez bajo la dirección del gran Billy Wilder.

Y DIOS CREÓ A LAS MUJERES.

De Roger Vadim se dijo que fue el Pigmalión del cine. Creó a Brigitte Bardot cuando solamente tenía 15 años. Además de Brigitte, fue pareja de mujeres hermosísimas como Jane Fonda, a quien dirigió en “Barbarella”, Catherine Deneuve y Annette Stroyberg. A Brigitte Bardot la convirtió en una de las mujeres más deseadas del mundo, y esta niña- mujer interpretó bajo la dirección de Vadim “Y Dios creó a la mujer”(1956), un film que la lanzó a la fama por su figura cargada de una inocente sensualidad, pero a su vez, el film era audaz y provocativo.

En Italia, Sofia Loren, impuso otro tipo de sensualidad. No era la mujer débil e inocente, la mujer niña. Sus seductores ojos de gato y labios carnosos irradiaban una gran fuerza de carácter, pero a la hora del amor dejaba de lado la tanada. Sus competidoras más cercanas: Gina Lollobrigida, Claudia Cardinale, Rossana Mangano, y Mónica Vitti, la musa de Michelangelo Antonioni, fueron estrellas de gran sensualidad, pero solo en algunas ocasiones pudieron ponerse a la par de la Loren. Por su parte, Federico  Fellini, con una bomba importada de Suecia, Anita Ekberg, consiguió para su filme “La Dolce Vita”, una de las escenas más eróticas y  promocionadas en el cine de los 60 , cuando la Ekberg en un andar nocturno por las calles de Roma, se encuentra con la Fontana de Trevi y se mete en el agua con su vestido negro de noche, con un escote que hacía brotar sus enormes pechos, y dice: “Ven aquí Marcello” y Marcello (Mastroianni) la acaricia como se tocaría a una diosa. Esta gran obra de  Fellini obtuvo la Palma de Oro en Cannes, sin embargo fue prohibida en varios países, siendo calificada de obscena por el periódico del Vaticano. En España se estrenó 20 años después.

AMORES: DULCES, APASIONADOS, DESENFRENADOS.

El realizador Robert Mulligan quien se había coronado por su gran película “Matar a un ruiseñor”, en 1971 estrena “Verano del 42”, un emotivo film sobre una hermosa mujer que pierde en la guerra a su amado esposo, y un joven vecino del verano, de tan solo  15 años, la observa, y se enamora perdidamente de ella. Jennifer O Neill, acompaña a este joven en su despertar sexual con sensualidad y ternura, el tema principal de Michel Legrand, titulado al igual que la película, fue un hit de la época. Entre esos amores  dulces, pero no exento de sensualidad,  lo brinda Demi Moore en “Ghost. La sombra del amor”(1990). Famosa la escena de caricias imaginarias con su amor perdido, acompañada por la canción Unchained Melody.

Pero en aquellos filmes donde hay sexo desenfrenado, como en “Nueve semanas y media” (1986), el filme de Adrian Lyne, que consagró a la pareja Kim Basinger y Mickey Rourke, y que se anticipo en más de 30 años a “Cincuenta sombras más oscuras”, la sofisticación de los juegos eróticos se centró en el hedonismo de los sentidos: el tacto, el olfato, el gusto. Sharon Stone, la otra rubia deseada de la época, tiene en “Bajos Instintos” (1992) ,de Paul Verhoeven, un gran lucimiento por su extraordinaria sensualidad.

En Italia, después de Ornella Muti, aparece fugazmente María Grazia Cucinota, pero es Mónica Bellucci la que consigue mayor proyección internacional. Esta hermosa y sensual mujer luce su excitante andar en “Malena”(2002) de Giusseppe Tornatore y en “Bajo Sospecha” el director hace que el momento de mayor seducción se obtenga con ella  de espaldas para que su esposo, Gene Hackman, le suba con lentitud el cierre del vestido.

Con la caída de los grandes estudios cinematográficos, donde las estrellas firmaban contratos por años y estaban a merced de la ambición desenfrenada de los productores, y se convertían en víctimas del inmoral Star System, los nuevos tiempos plantearon un mundo muy diferente, las actrices pasaron a tener voz propia a elegir dónde y con quién trabajar, aceptar o no determinados guiones. Charlize Theron, ganó por “Monster”(2003) el Oscar como mejor actriz por interpretar a la asesina Aileen Wuomos, horas de maquillaje fueron consumidas para afearla. Rachel Weisz, Jennifer Lawrence,  y Angelina Jolie, entre muchas otras bellas actrices no se interesan por calificar como caras bonitas, una independencia femenina que tiene antecedentes en una    Gena Rowlands, Katherine Hepbrun, y Vanessa Redgrave.

       Artículo de Jorge Luis Scherer-periodista,profesor de literatura y cine- para Ultracine.

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