“El candidato”: ese viento que sopla

Marketing y política son los temas de la segunda película dirigida por Daniel Hendler.

Martín Marchand hereda una importante fortuna y decide transformarse en político. A tales fines, contrata un grupo de asesores de imagen y especialistas en prensa para que construyan una imagen de sí mismo. Situada en la Pampa, aunque sin indicadores concretos de un lugar preciso, el film cruza distintos géneros cinematográficos, sin aferrarse a ninguno, para dar cuenta de la ligazón entre el marketing y la política en la contemporaneidad.

Años atrás Daniel Hendler era conocido por ser el actor fetiche del director argentino Daniel Burman. Protagonista de varios de los films de este último (“El abrazo partido”, “Esperando al Mesías”) el actor nacido en la República Oriental del Uruguay se destacaba por componer personajes dubitativos y meditabundos, neuróticos, como cuando compuso a un hombre abandónico y un tanto psicópata en la película “Una novia errante” de Ana Katz .

Con el tiempo, Hendler demostró que no solo tenía actitudes para interpretar roles alejados del estereotipo del macho rioplatense y fue interpretando personajes más sombríos como el de la reciente “El otro hermano”. La popularidad local (ya contaba con una carrera internacional gracias a los festivales de renombre donde se proyectaban las películas que protagonizaba) le llegaría de la mano de la serie televisiva “Graduados”. Y también lanzaría su ópera prima como director: “Norberto apenas tarde”.

Hendler se mantuvo firme en su búsqueda como artista y no se dejó nublar, como suele ocurrir, por el peso de la masividad. De hecho, ha aparecido poquísimas veces en las revistas del corazón, o similares, aún cuando muchos dicen que es imposible escapar de ellas cuando la fama golpea a la puerta, y tampoco hace culto en las entrevistas que brinda de su vida íntima: la que comparte con la también directora y actriz Ana Katz.

En “El Candidato” no ha elegido rodearse de actores masivos sino de actores que son funcionales a los roles que les toca interpretar como Diego de Paula (“El juego de la silla”) que interpreta a Martín Marchand: el hombre adinerado que decide hacerse político sin tener en su currículum ninguna acción o trabajo que lo avale. Por momentos Marchand recuerda al Peter Sellers en apariencia reflexivo de “Desde el Jardín” de Hal Hashby. Recordemos que en esta Chance, un jardinero con poca, o nula, vida social, tiene un accidente y por este motivo es rescatado por una mujer rica que lo invita a hospedarse en su casa y con la que se comunica repitiendo frases que ha escuchado de la televisión. Este equívoco hace que ella lo tome como un profeta y Chance se transforma así en lo que hoy llamaríamos un “influencer”, llegando a entrevistarse con políticos como el mismo Presidente de Estados Unidos.

De alguna manera, el tono que elige Hendler para describir a Marchand se ubica también en esa línea fronteriza: hasta el contundente final no terminamos de entender si Martín es un genio o tiene algún problema cognitivo, si es una buena persona o un incurable narcisista. Otro tanto podríamos decir del personaje de Mateo Borrás interpretado por Matías Singer: no sabemos si es, o no, sensible, si le interesa, o no, el trabajo que está haciendo. Marchand se identifica especularmente con Borrás: justamente el que menos curriculum y experiencia tiene, y no solo en política. Y con el que también comparte los ojos claros: la escena en la que Marchand se acerca a Borrás y le dice algo así como “me hacés acordar a mí” es de las más inteligentes del film.

El entorno del film es una casona en medio de la Pampa. Una residencia colosal y señorial de esas que se vislumbran si uno transita las rutas de los alrededores de la Provincia de Buenos Aires. Pero Hendler no acentúa ningún lugar en especial. De hecho, la acción podría transcurrir en la Argentina, Uruguay o, por qué no, en algún lugar de América del Norte. Claro que hay hábitos que definen el perfil rioplatense como el del ritual del asado. Pero la afección por la caza y por las redes sociales para comunicar cuestiones políticas es un fenómeno global. Como lo es también el hecho de usar las nuevas tecnologías para construir slogans atractivos para los votantes. En este punto sería interesarte comparar “El Candidato” (1959) de Fernando Ayala y “El Candidato” de Hendler porque ambas dan cuenta, de alguna manera, de una forma de hacer política. En el caso del candidato actual no hay punteros, ni militantes, ni conversaciones secretas en los despachos de diputados o senadores, hay mucho dinero, asesores de imagen, medios de comunicación y formas de comunicar las cosas en las redes sociales.

Claro que, como la ficción en general, la película no responde punto por punto a una realidad. De hecho, el film construye tramas paralelas como la de Laura Ambrosio (Ana Katz) la Jefa de Prensa de Campaña que termina traicionando a su cliente, y la de Mateo y su novia. En este punto el film trabaja con géneros como el film de espionaje, la comedia costumbrista y el cine político sin aferrarse del todo a ninguno.

“El Candidato” consagró a Hendler como Mejor Director en el pasado Festival de Cine de Miami y se estrena este jueves 11 de mayo en los cines argentinos.

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