La proyección láser para cine

Juan Carlos Chávez, director de Christie en América Latina, analiza el futuro del cine digital.

 

Una vez completada la conversión al cine digital en todo el sector, y con los primeros proyectores digitales aproximándose al fin de su vida útil, los exhibidores habrán de plantearse —más pronto que tarde— cómo y con qué sustituir sus equipos de proyección digital. Las VPF (ayudas de las distribuidoras a la digitalización) se han acabado, y la multiplicación de opciones tecnológicas hace cada vez más complejo decidir el camino a seguir. Una de esas opciones concita últimamente gran atención: la proyección láser. Hasta hace muy poco la proyección láser estaba al alcance únicamente de salas de altísimo nivel. Ofrecía una imagen de elevado brillo y gran colorido, pero para la mayor parte de los exhibidores su rentabilidad resultaba bastante dudosa. Pues bien: eso está a punto de cambiar, y en este artículo nos proponemos explorar las razones que harán muy pronto de la proyección láser RGB la tecnología más empleada para iluminar las pantallas de cine. Ha llegado el momento de que nuestra industria vuelva a centrarse en la experiencia del espectador, en las personas que eligen invertir el presupuesto que dedican al entretenimiento en ver las películas en las salas de cine.

Estamos en condiciones de afirmar que el público no se ha beneficiado del despliegue inicial del cine digital tanto como los estudios o los exhibidores. De hecho, la mayor parte de los espectadores ni siguiera diferencian entre el digital y el celuloide. Hoy cuentan, naturalmente, con la posibilidad de decantarse por el 3D, pero el bajo brillo de las imágenes y la desigual ganancia de las pantallas han creado nuevos problemas en muchos e importantes mercados cinematográficos de todo el mundo. Por ello, si queremos que el público siga acudiendo a las salas de cine hemos de ofrecerle la mejor experiencia posible, y eso empieza por llenar la pantalla de imágenes espectaculares.

Cómo conseguir una imagen espectacular en la pantalla

La respuesta es bien sencilla: cuanto más brillo mejor; los colores se percibirán más precisos y naturales, el contraste será mayor y la alta resolución reproducirá los detalles con más exactitud. Los grandes estudios que definían las especificaciones originales DCI para proyectores de cine digital lo sabían de sobra. De ahí que especificaran estándares precisos en cuanto al brillo en pantalla, la gama de color, la relación de contraste y las resoluciones de píxel necesarias para los equipos de cine digital. Unas especificaciones que estaban a la altura de la tecnología punta de aquellos años, es decir, de la tecnología de hace bastante más de una década.

En aquel momento se sabía:

  • Cómo iluminar las pantallas a 14 fL (aunque no en 3D)
  • Que las lámparas de xenón reproducían la gama de color P3
  • Que los chips de imagen podían alcanzar una cierta relación de contraste y resolución

Así que los estándares pasaron a ser esos.

Sin embargo, la industria de la exhibición ha avanzado a gran velocidad. Hoy los consumidores pueden adquirir dispositivos de visualización baratos para uso doméstico, con mayor resolución, mejor color, un contraste asombroso y mayor HDR (alto rango dinámico) que el ofrecido por la mayoría de los cines.

La generación más joven está más “enchufada” a la tecnología, y empezará a percibir la presencia de esas nuevas estéticas visuales, o su ausencia en el caso de que nuestra industria se muestre incapaz de progresar en paralelo al avance de la tecnología.

Proyección de fósforo láser

Una de las innovaciones más interesantes aparecidas recientemente en el mercado de la proyección es el llamado Fósforo Láser (LP / LaPh) o BPP (fósforo bombeado con láser azul). A simple vista parecía una revolución, pues posibilita la creación de luz de proyección blanca usando exclusivamente láseres azules, usando una tecnología de dispositivo láser madura y económica que precisa considerablemente menos refrigeración que otros láseres, permitiendo con ello a los fabricantes producir unos proyectores relativamente baratos y que requieren mucho menos mantenimiento que los proyectores convencionales, sobre todo porque no hay en ellos lámparas que cambiar. Evidentemente, esa ausencia de lámparas supone también ahorrar en los recursos dedicados a pedir, transportar, almacenar, sustituir y eliminar materiales nocivos para el medio ambiente. En los últimos años se han llevado a cabo impresionantes demostraciones y surgido productos comerciales que utilizan esta tecnología, cuya potencia alcanza los 30.000 lúmenes.

Pero la tecnología LaPh presenta algunos inconvenientes importantes, sobre todo en cine. Para empezar, la conversión de luz azul a blanca lleva aparejada un gran desperdicio de energía (>50%). Además, el espectro de color nativo de este tipo de proyector suele ser menor que el del triángulo Rec.709 de la Figura 1, resultando especialmente deficiente en el caso del verde y rojo, colores esenciales para conseguir una imagen de apariencia natural. En consecuencia, para lograr un rendimiento mínimamente aceptable del color que no imponga sacrificios de brillo los ingenieros de proyectores con LaPh se ven obligados a tomar decisiones difíciles en el diseño del YNF. En el caso de la tecnología LaPh, el YNF desperdiciará hasta un 50% de la luz disponible para cumplir con la exigente especificación DCI P3 para cine.

Dejando al margen por un momento el rendimiento de la imagen, algunos fabricantes de proyectores presumen también de las supuestas ventajas económicas que se derivarían del uso de proyectores LaPh para cine. Sin embargo, si nos detenemos a calcular el valor actual neto de todas las lámparas que harán falta a lo largo de la vida prevista de un proyector, en la mayor parte de los casos el valor real será inferior al costo incremental del proyector LaPh. La tecnología de lámpara para cine lleva décadas en uso y, por lo general, representa un valor sólido para los exhibidores. El sector está familiarizado con las lámparas, y las operaciones de cine se llevan a cabo teniendo en cuenta los cambios de lámpara. A ello hay que añadir que las lámparas ofrecen la posibilidad de incrementar con facilidad el brillo de la pantalla en eventos especiales o en la noche de estreno del último «taquillazo». Consecuencia: los proyectores de lámpara continuarán instalándose durante los próximos 3-5 años, lo que obligará a utilizar recambios de lámparas en los 10-15 años siguientes.

A pesar de la comodidad de las lámparas, cualquiera que tenga relación con la industria del cine está al tanto de la atención —obsesión casi— que existe hoy por los proyectores láser. En algunos casos es posible hacer realidad el sueño de un «multiplex totalmente láser» usando proyectores LaPh de coste relativamente bajo, lo que puede proporcionar al exhibidor una cierta sensación de seguridad al pensar que ha invertido en una tecnología de vanguardia que no sólo es garantía para el futuro: posee también un impacto potencialmente elevado en términos de marketing, pues le permitirá colgar en su fachada el cartel de «equipado totalmente con láser». Pero, ¿es verdad? ¿No será que hay fabricantes de proyectores que estafan a sus clientes y están ayudando a generar una involución de la industria en cuanto a las expectativas de disfrutar en la sala de cine de una experiencia superior?

Volvamos a la experiencia del público

De lo que no debe haber ninguna duda es que los láseres tienen la potencialidad de mejorar drásticamente la calidad de la imagen de las pantallas de cine. Pero para lograrlo, se requiere que la industria evolucione hacia los proyectores láser RGB. En esos proyectores la luz procede de una combinación de luz láser Roja, Verde y Azul lo suficientemente precisa como para cubrir e incorporar la gama de color Rec.2020. Al mismo tiempo, contar con láseres rojos y verdes evita por completo la pérdida de eficiencia por conversión que detectábamos en los proyectores LaPh. Además —lo que es igual de importante para las aplicaciones de cine—, para alcanzar la especificación de color DCI P3 no se precisa pérdida de brillo desde un YNF. Si en un proyector láser RGB hace falta más luz roja, bastará con añadir más láseres rojos. De hecho, a la hora de convertir la luz láser en una luz utilizable en una pantalla de cine, un sistema láser RGB resulta entre cuatro y cinco veces más eficiente que un proyector LaPh. En conclusión, los proyectores láser RGB tienen la posibilidad de alcanzar niveles de brillo muy superiores a los logrados con proyectores LaPh, ofreciendo a la vez enormes ventajas en cuanto a la relación de contraste alcanzable en pantalla. Los láseres RGB son la única tecnología de iluminación de cine capaz de ofrecer HDR (alto rango dinámico) en la pantalla.

Lo que nos conduce a una pregunta obvia: ¿por qué entonces molestarnos con los proyectores LaPh? La respuesta breve es que, hoy por hoy, los dispositivos de láser rojo y verde siguen siendo considerablemente más caros que los láseres azules utilizados en los proyectores LaPh. A lo que hay que sumar que esos láseres rojos y verdes han de someterse a una refrigeración agresiva para mantenerlos funcionando con el color adecuado y con una potencia suficiente a lo largo de la vida prevista para un proyector. Ese dispositivo de refrigeración, aunque no precisamente high-tech, añade un enorme costo incremental al sistema, así como una mayor complejidad global y consumo de energía. Por ello, cuando se puede sacrificar el funcionamiento del color y alcanzar un brillo y relación de contraste suficientes con fósforo láser, éste puede resultar una buena opción. Por ejemplo: el LaPh es en la actualidad una de las mejores opciones para salas de conferencias y para aulas, unas aplicaciones en las que un mantenimiento bajo resulta esencial, y la reproducción exacta del color no lo es tanto.

La próxima generación de proyección láser RGB

En estos momentos, la buena nueva para la industria de proyección cinematográfica es la existencia de avances recientes en el campo de la tecnología de láser rojo y verde que en poco tiempo lo cambiarán todo. La próxima generación de dispositivos láser, ya en funcionamiento en laboratorios y en prototipos de proyectores láser RGB, es mucho más eficiente que los proyectores que en la actualidad funcionan en cines premium de todo el mundo. Pero además, esos láseres de próxima generación no necesitan refrigerarse como los actuales, permitiendo así una importantísima reducción de complejidad, tamaño, fiabilidad y coste del sistema. Muy pronto los fabricantes comenzarán a introducir proyectores láser RGB para cine en salas convencionales, que funcionarán con un coste de propiedad equivalente al de un proyector de lámpara del mismo tipo. Esos nuevos proyectores pondrán en pantalla una imagen mejor en términos de brillo, color y relación de contraste, con la ventaja adicional de no necesitar cambios de lámpara.

Si la industria del cine quiere sobrevivir al asalto de la tecnología y a la diversidad de opciones que el consumidor encuentra en otros espacios de ocio, los exhibidores habrán de esforzarse por ofrecer a sus audiencias unas experiencias de pantalla espectaculares. La imagen de la pantalla constituye una parte importante de esas experiencias, y los láseres pueden desempeñar un papel fundamental en mejorar el cine para todos. Sin embargo, los exhibidores tienen que entender también que el LaPh es una tecnología transitoria, adecuada únicamente para pequeñas salas de cine en las que los proyectores puedan funcionar a bajo brillo y con el YNF intacto. Conforme la nueva generación de proyectores láser RGB vaya incorporándose al mercado, los fabricantes irán aumentando su producción en busca de economías de escala. Los nuevos proyectores pronto dominarán la industria del cine, sustituyendo tanto la tecnología de lámpara como la de fósforo láser y generando beneficios reales a quien realmente importa: el público.

Por Juan Carlos Chávez, director de Christie en América Latina, para Ultracine.

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